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Eric Moussambani: El nadador desesperado.

escribe: Iván Ferreyra


1

Ser el nadador que compite solo, ser ovacionado por groupies del pochoclo punk, mirar la Tv como un niño inofensivo mientras la cresta se duerme de inacción. En Neptune City nos abandonó el glamour, nuestro alcalde es un tipo con cara de gallina, con un tic a lo Kitano, pero no alcanza, su mujer es una maestra de escuela. Algo hay en ellos que genera rechazo, debe ser el tono de voz, como si lo estrangularán, la inoperancia en la gestión, el deseo desmedido, esa cosa voraz que debe ser político, debe ser peor que ser jugador compulsivo, algo incurable. Esa gran mentira de querer ayudar a los demás. Como Miguel Angel Decleva y Roberto Trinidad, dos travestís celebres de Tv Distópica. No se puede decir que la Televisión es mala cuando de ese formato salieron Los Simpsons que fueron los que nos enseñaron a ver televisión, a ver el mundo, todo está en esa serie. Los niños juegan y escuchan Triumpahnt de Roysopp, los padres los miran jugar, sabiendo que futuro les espera, viendo una vidriera llena de cosas que nunca van a comprar. Cuando se corta la luz, empieza a nevar, y nos abrazamos a lo que sea, el aburrimiento nos come las piernas. Cada uno tiene de mascota un leopardo, caníbales desdentados de Converse. Siempre hay una nube negra sobre mi balcón.
Casanova in hell, por esos días escuchaba This Mess de Pj Harvey, Rocco me quiere echar de mi casa, le debo el alquiler y no puedo surgir, todo se desmorona.


2

Prendiéndome fuego, la ginebra apaga las luces de lo que percude. Caminar sobre huesos de costeletas. Mirar mis dos computadoras rotas. Ver todo lo que me identifica guardado en un mar virtual. La desesperación se escribe en mayúscula. Estamos ante una hipótesis de conflicto. Suena la melodía que calma. No cicatriza La vida en slide show No me cansaré de decirte esto al oído, nada va a estar bien, todo será terrible. No Future. Vivir sin desear te vuelve invencible. Invisible. Ser nadie todos los días y al otro día seguir vivo, eso te convierte en alguien. Despentes. Michel Houellebecq es comida light.
No fumo tabaco, no me gusta molestar, me gusta vivir rodeado de carnicerías y al frente de un cajero, escucho hace días Post Girl de Tosca y un tema de los 80, Difacil Rap, que arranca "Toy borracho, toy colocado", no me banco que vengan a decirme a quién debo odiar, esta es mi pared, no voy a mearle la pared a nadie. Hay un tipo de respeto que se perdió, viene cualquiera con pose de intelectual a decirte que hacer de tu vida, hay una soberbia light en la calle que enferma, valoro el talento de los tipos que dejan todo en cada post, que no tienen vergüenza, miedo a lo que dirán. Siento que gran parte de las personas que habitan una red social, aparte de ser anónimos, se parecen a los tipos que viven toda su vida de ser bandas tributos. Pienso en el que imita a Mercury, con una foto en el espejo, soñando con morir de Sida para que su vida tenga sentido. No fumo tabaco. Dos hombres entran, uno sale, dos hombres hinchados de miedo. Son las reglas dónde no las hay.


3

El delantal rojo y el cerdo inmortal burgueses que festejan cumpleaños, que desean que sus perros nunca tengan cáncer, dejan morir a los viejos arrodillados, la comida para gato
es la nueva hostia de los imbéciles, agarrarse de la mano y jugar a ser novios, mientras te chorrea desesperación, pero eso no importa a la chica de delantal rojo, ella quiere algo, no sabe que, sólo que no tiene ovarios para llevar la bomba, se cree poderosa como para tolerar el sonido de la muerte del cerdo, se cree poderosa para enamorar. El delantal rojo la protege de la envidia que no existe, “los cerdos no existen”, piensa para zafar, Nada le alcanza, la comida de gatos es la nueva hostia. Odiar al cerdo, al delantal rojo, a todo lo que no se puede amar. No blasfemes, tu madre mira este canal. El delantal rojo se cae. Y lo que queda, sólo es desesperación. La chica de la bomba en la mochila. Ella ofrece el salvoconducto. Instrucciones Inútiles para cargar una bomba. Abrazar lo que enfría y no calma, un golpe magnético y la soledad y el silencio nos volvería humano de nuevo,
volveríamos a vernos como somos. Bombas de racimo o bombas tontas
se cree que hay miles de bombas de este tipo yacendo en Kosovo. Todo es maravilloso hasta el día en que confrontas la decisión, la bomba podía explotarle en la espalda, pero ella no dejaría de bailar. La chica de la bomba guarda su sonrisa en la mochila,
sus lágrimas ayudan a los héroes. Una bomba en la mochila. Accionar la implosión.
“Una bomba puede ser algo que no explote” afirma la chica de la mochila natural blues, Para que la bomba exista debe existir un color, a la chica le gusta el azul, por Moby y Nan Goldin, no le gusta mucho hablar de eso, son sus reglas, de los que eligen no volver. Nadie confía en que la bomba gane la guerra. La chica tampoco, pero no confía en nada, sino no llevaría la bomba. Punks que quieren parecerse a Baudelaire, chicas Haneke que sin sus madres no van a mas de diez mil kilómetros
¿Quién hará explotar la bomba?
¿Mousabani, el nadador. El de Túnez, el de la revolución de los jazmines. Rumano, el hermano de nenin, el que coleccionaba fierros. Iggy Pop cantando baladas?. Parecerse a Baudelaire, dejarse el flequillo en vez de la cresta. Ya no se escupe, ahora se vomita.
Todo se parece a las enormes puertas de Mosnter Inc donde los monstruos salían a asustar chicos. El perro de mad max tiene más pelotas que cualquier cresta. Los trituraron hasta convertirlos en un fino polvo rosa. This is hardcore
Las crestas de Mad Max, anunciando el futuro, estéticos del terror y perdiendo de manera patética, sin inteligencia, Inti es performer y tiene una cresta en la concha, come el barro y pelea contra las mineras, te zapatea tu vereda y los fachos desaparecen.
Sí Inti Pujol hubiera nacido en Islandia quizás sería una Bjork, nunca lo sabremos, Islandia no tiene treinta mil desaparecidos ni hijos de puta que buscan oro con cianuro.
Hoy el punk soy yo.


Iván Ferreyra es escritor. Glass eater. Enfermero Alpinista. Sodero. Mecánico. Carnicero. Portero de edificio. Jugador de Fútbol. Escritor de horóscopos. Periodista. Gerente de whiskería. Vendedor de parcelas de cementerio parque. Vendedor de destornilladores de precisión a ciegos y gitanos. Manager de hinchas de fútbol. Editor. Divulgador de Discurso. Llenador de mariposas en la panza. Enfermero alpinista. Animador de feriados. Activista de internet. Performer blogguer. Escritor.

Los ojos de Sharon Tate

Querido Leo: te escribo para recomendarte Los ojos de Sharon Tate, editado hace cinco años por el sello cordobés Llanto de mudo. El autor es el mismo que escribió ese libro sobre nuestro Mazzocchi, Iván Wielikioselek (un apellido que siempre hay que googlear para escribir bien, y no creas que hay muchos resultados) del que había leído un libro de poemas llamado Cotidianos funerales en La Tierra donde ya amasaba varias obsesiones que aparecen como fundantes en este libro: la relación con el padre abandónico, la madre promiscua, la oscuridad, las ideas matricidas y la pobreza. 

   "Recuerdo que esa noche, extrañamente y por primera vez, realicé el dibujo de un boxeador. En una doble página de El Gráfico, decía en letras rojas: "Big John Tate, la máquina de pelear", y ese título me parecía estremecedor, porque pocos días antes yo había estado enfermo, me había quedado en casa, y había visto con mi madre la película sobre el Clan Manson. Mi madre me había explicado que Charles Manson mató a la esposa de Roman Polanski, (la chica de "La Danza de los Vampiros", me decía ella para ubicarme) que estaba embarazada y casi a punto de parir, clavándole diesciséis puñaladas. Después, con la sangre de la mujer, el clan había escrito en la pared "puercos". La mujer de Polanski se llamaba Sharon Tate. O sea que tenía el mismo apellido que la máquina de pelear. A mí, esta casualidad me producía un pánico absoluto. (...)
  —Mirá Ivancito, acá sale lo del Clan Manson, fijate.
   —¿Cuál es? —le pregunto yo, muy ansioso por ver la cara del criminal.
   —Este de bigotes.
   —¿Este? —digo yo.
   —Sí, mirá, se parece a ese infeliz de tu padre...
   Y es cierto. El rostro ajado y de bigotes con los ojos clavados en alguna obsesión interior, bien podría ser el rostro de mi padre cuando se ausenta de la gente.
   —¿Y esta? -pregunto yo, porque acabo de ver "a Dios".
   —Esta es Sharon Tate, la chica que mató a puñaladas. (...)
    Siento que esa imágen, que esos ojos de mujer que se han clavado en mí como una redentora aparición, me van a hacer dormir en paz hasta el día siguiente. Y ya no pienso en la prueba de aritmética ni en mi padre con su gorra azul ni en mi nona ni en mi madre ni en las divisiones de dos cifras. Entonces sin conocer aún la canción de Lennon, siento algo muy parecido a su estribillo, "Bless you, wherever you are" (Bendita seas a donde quiera que estés); y le digo hasta mañana a la vida misma." 

   Compuesta por diescieis relatos, esta especie de novela se ensambla a la soledad como una anestesia que hidrata todo. La historia transcurre entre Ballesteros y Villa María (algún escenarios en Córdoba), y trata de un niño que crece con su madre depresiva y su padre que se fue para siempre y ahora encuentra en el espejo veinticinco años después. Los personajes están muy bien construidos y cuesta no identificarse a cada momento con el polvo de pueblo, las despensas, las siestas, los bares infectos de chismes, la infancia surrealista, los cielos tristes, la soledad y la búsqueda del padre en cada flashback; y la duda artística, existencial, colmada de neurosis, de una vida adulta que Iván mastica como puede mientras escribe para una revista provinciana mientras una voz en su mente le repite que mate a su madre. 
   Wielikioselek es un autor irregular, caótico. En general no encontré en sus libros una trama, sino una dispersión inevitable. Sus libros (otro que leí es Crónicas del Sudeste) tienen altibajos muy marcados. Siempre estoy a punto de abandonar sus libros pero siguo adelante porque recuerdo algún chispazo de genio anterior. Los ojos de Sharon... no es el caso, si bien por la mitad existe una hondonada de la que cuesta emerger, el libro se puede leer con gusto de principio a fin. 
   ¿Cuánto hay del autor en el relato? Creo que mucho. Estos textos son un intento de autobiografía, como casi toda su obra, y digo intento porque (según sus libros que recurren siempre a estos temas) la vida del autor se fragmenta y los pedazos se alejan entre sí con los años, las ciudades, los pueblos, los rostros queridos. El tipo nació en Ballesteros, pero vivió en Villa María, Córdoba, Buenos Aires, Viedma, Estados Unidos, Brasil, Francia y España; y publicó algo así como diez libros, pero a los ejemplares que llegaban a sus manos, los quemaba. Aborrece sus obras viejas, como esta, donde trata de reunir esos pedazos de su vida con una prosa poética de a momentos genial y trascendente, que en otros deja lugar a los vicios de la narrativa o la dilatación.
   De todas maneras, Leo, tenés que leer esto, es algo que uno tiene que conocer de las nuevas generaciones que escriben. Fijate en este pasaje:

   Me veo otra vez recostado ahí, mirando el techo derruido de la pieza mientras ella enciende un cigarrillo y se tiende desnuda a mi lado con las uñas rojas que nunca se sacó.
   —¿Querés uno? —me dice.
   —No gracias, no fumo.
   Aún me veo minutos antes entregándole el dinero de su tarifa y ella que me hace pasar.
  —Esperame que ya vengo; primero tengo que hacer la caja.
   Y luego ella que vuelve y me ve parado sin hacer nada y se asombra.
  —¿Pero todavía no te sacaste la ropa, Bebé?
   Y luego yo que me desvisto de espaladas y luego ella que me agarra el pitito y me lo empieza a lavar sobre un jabón "Odex" celeste en pan y con relieves, como si hiciera rodar un ñoquito virgen encima de un tenedor mientras caen unas gotas jabonosas sobre el agua de la palangana.  

Abrazo.

Federico Falco presenta novela

   El Sábado 19:30 en Feria del Libro de Córdoba - Patio Mayor del Cabildo, se llevará a cabo la presentación del la Editorial Nudista junto al lanzamiento de la novela Cielos de Córdoba de Federico Falco. Habrá música, videos, lecturas y talk-show de escritores con la exclusiva conducción de CJ Carballo. Participarán los autores Fabio Martinez, Eloísa Oliva, Pablo Natale, Martín Maigua, Osvaldo Bossi, Marcelo Daniel Díaz, Federico Falco y miembros de la editorial.

   Luciano Lamberti afirma en el prólogo de esta novela que se trata de "un libro peligroso y tierno, sobre cómo descubrimos que algo anda irremediablemente mal en el mundo. Una historia de iniciación poética y verdadera. Un libro argentino en el sentido Isabel Sarli de la palabra".

Iván Wielikosielek / "hay días..."

Hay días como hoy en que morir no cuesta mucho
días con nubes que se suceden durante semanas
colectivos destruidos y sucios arrancando afuera
siempre arrancando contra mi ventanal quebrado
días en donde el tedio de la tarde se hace inminente
y no hay un lugar para ir de noche
y no hay posibilidades
y no hay un centímetro de vida aquí
Días y días enteros en los que la paso
con un billete de dos pesos en el bolsillo
cada vez más celeste y desteñido
agrios días
largos días que van preparando de a poco este día
y una vida que lo fue preparando también
con emociones sombrías y dudas
Hay días como hoy en que morir no cuesta nada
en donde lo más fácil y natural es sepultarse
arrinconado en una silla contra el ventanal
mirando tras los vidrios agrietados las nubes
como masas de algodón y pan sucias de tierra
como todas las almas que se apolillan en esta porción del mundo
Días en donde es bastante cómodo dejarse arrastrar
corriente abajo
sin chistar
sin implorar
sin segregar adrenalina ni miedos
tan sólo percibiendo muy por lo bajo
que faltan varios grados de termómetro en el alma
para tener el calor de los que están vivos
Hay días como el de hoy en que no siento culpa
en los que se desvanece en mí el remordimiento
días en los que salgo a ventilar un poco el corazón
para que no se me percuda
y voy con mi único billete que está prohibido gastar
con mi única ropa de jean y mi único par de zapatos
y quizás sienta algo parecido a estar vivo
cuando veo la perra del vecino arriba del techo
que me mira con quieta desesperación
pidiéndome que la saque de su jaula
o cuando camino dos cuadras con tres niños de barrio Pueyrredón
que van a bañar al río sus pequeños cuerpos de diez años
y más tarde abrirán la puerta de los taxis en el centro
Y no es lástima lo que siento
si no la intuición fugaz de lo irreversible
la claridad con la que me es dado ver
que todos estos días están precediendo a toda una serie de futuros días
en que estos niños y esta perra también estarán muertos
En este rincón del mundo sin dinero posible que gastar
sin más posibilidades que la de ventilar un poco la existencia
vivir es casi igual a esperar que pare la lluvia sentado en un rincón
mirando a través de un ventanal partido hacia una calle
con hombres que se aburren.

Ciprés lanzó el Libro Blanco

El Libro Blanco retrata los años en que una nueva generación argentina se instala en Europa para buscar un mejor destino, ya no empujada por dictaduras o persecuciones políticas, sino por la aplastante realidad sociocultural que surge cuando la fantasía consumista y neoliberal se desploma. Con tono cotidiano e intimista, Emilio Moyano nos enfrenta a la naturaleza implacable de un mundo sin escapatoria aparente. Dentro de una época desorientada, Virginia recuerda a Nadja, Alejandra o La Maga, las heroínas trágicas de un mundo literario al que los personajes buscan torpemente en el nuevo siglo, como a su propia salvación. Parecen encontrarlo junto al amor, verdadero en tanto riesgoso e inexplicable.

El libro blanco es la novela que estuvimos escribiendo durante todos estos años, mientras las bombas estallan y la vida se presenta como una experiencia irremediable, aunque siempre nueva y diferente.

Pablo Dacal

Emilio Moyano nació en Córdoba, en 1972, y estudió literatura y filosofía. Es autor de Cenizas del tiempo (Ed. Comunicarte). Sus textos han aparecido en diversos medios como La Voz del Interior y Hoy día Córdoba (Córdoba), y las revistas Letralia (Venezuela), Destiempos (México DF) y The Barcelona Review (España).



La Presentación se realizará el viernes 2 de septiembre en Independencia 488 de la ciudad de Córdoba.

Experimento Cultural / Comercial



















Este es un libro de poesía que publiqué en 2009 con el sello Textos de Cartón, de Córdoba. Ahora lanzo la editorial Cosas de mimbre (un poco en joda un poco en serio) para que puedan comprarlo en papel (on-demand) en España, Estados Unidos o en cualquier otro país si les da el bolsillo (en Argentina compren la edición de cartón), o bien pueden bajarlo a sus e-books readers pagando una ínfima suma de dinero, o bien, si no les interesa que yo reciba dinero, leerlo grátis en la pantalla. Abajo van todas las opciones para que elijan. El experimento apunta a conocer que porcentaje de lectores recurre a pagarlo a pesar de que pueden leerlo grátis, y qué cantidad de lectores recurren a estos métodos en comparación con la edición tradicional de libros. Todos los comentarios serán bienvenidos.




Dejar de pensar

Martín Cristal nació en Córdoba en 1972; es autor de las novelas Bares vacíos (México, 2001) y La casa del admirador (Córdoba, 2007), y de los volúmenes de cuentos Las alas de un pez espada (Córdoba, 1998), Manual de evasiones imposibles (México, 2002, Premio Iberoamericano de Cuento “Agustín Monsreal”), y Mapamundi (Córdoba, 2005). También ha publicado un relato para niños, El árbol de papafritas (Bs. As., 2007). Su novela inédita Las ostras recibió una mención en el Premio Literario Provincia de Córdoba 2010.


Foto: Facundo Di Pascuale.












¿Cómo escribís? ¿Pensás en una “obra” a la hora de escribir, o a eso lo ves después?
Después no: antes. Más o menos por la época en que salió mi primera novela, di en Internet con una vieja entrevista en la que Marcelo Cohen decía algo que se me quedó grabado: “Creo que, para hacer aparecer la pasión de escribir, es conveniente dejar de pensar a lo largo de algunas páginas. Eso lo aprendí de los músicos de jazz, que se permiten dejar de pensar por un ratito cuando trabajan sobre estructuras formales y temáticas severas. Pero para llegar a eso, la historia y el espacio deben estar muy delineados”. Desde entonces trabajo de esa manera: pienso mucho en la obra antes, precisamente para que “a la hora de escribir” pueda gestarse ese estado de suspensión del pensamiento. Después dejo leudar y más tarde trato de corregir el texto con la mayor distancia posible.
Funciona así para cada libro, pero —cuando ya tuve publicados algunos más—, me pareció que el trabajo de un escritor no podía consistir sólo en eso de publicar un libro tras otro, por “bien hechos” que estuvieran, sino que tenía que haber un plan general —más o menos preciso, pero siempre presente— para la obra completa. Sobre el particular, William Faulkner dice algo muy convincente en una famosa entrevista para The Paris Review. La reflexión de Cohen sobre el método aún rige mi forma de hacer, pero esos pensamientos previos sobre el libro por escribir ahora también lo contextualizan en el diseño general de una obra mayor.
¿Cómo ves a la “joven” literatura argentina? ¿Y a la cordobesa? ¿Existen?
Claro que existen las literaturas “jóvenes” o emergentes, siempre han existido y —mientras haya lectores curiosos— seguirán existiendo. El recorte geográfico adicional (“cordobesa”, “argentina”) responde sólo al interés de quien sea que encuadre la foto; creo que los dos recortes que reclama esta pregunta muestran panoramas muy saludables. Si te referís a “los nacidos en los setenta”, pienso que muy pronto dejarán de ser objeto de ese interés automático, un poco bobo, que se enfoca primero en el mero rasgo etario. Para cada generación, un buen día se produce un repentino desfasaje entre esa etiqueta (“escritor+joven”) y el conjunto de autores a los que venía designando. Mañana, como ayer, la renovación del campo dejará en offside a muchos de los futuros ex jóvenes; en especial, a los que hayan abusado de las indulgencias y de cierta inmunidad crítica que esa etiqueta les venía confiriendo. Esos escritores —que explotaron el adjetivo “joven” como si para su actividad fuera tan esencial como el sustantivo “escritor”, y que por conveniencia dilataron esa “juventud” durante más tiempo de lo que tolera su verdadero envejecimiento biológico— muy pronto serán sólo escritores a secas, y ya no valdrán por su novedad, sino por lo escrito. Nos vemos ahí.
¿Qué opinión te merecen las antologías de Carbonell y Lardone a propósito de esta generación de escritores?
Creo que ambas son valiosas. En el futuro, tendrán que (re)leerlas juntas todos aquellos que se interesen en ver qué fue de los autores incluidos, cómo evolucionaron, y también qué autores de la misma edad, sin haber sido incluidos en esas antologías, emergieron más tarde. Una tercera antología para esa misma relectura: la de narradoras jóvenes cordobesas, Dora narra.
10 bajistas (Carbonell, en Eduvim) es breve, pero muy pareja; puesto a elegir, destaco los cuentos de Ramírez, Vigna y Dema. Es lo que hay (Lardone, en Babel) trae mucho más material, lo cual se agradece, pero tiene más altibajos; de ésta, disfruté los cuentos de Montes de Oca, Giordano, Ramírez, Sánchez y Rabbia. Respecto de los títulos de ambas antologías: ninguno de los dos me convence demasiado en tanto frase, si bien pienso que la idea que sostiene al título 10 bajistas (desarrollada en el prólogo) es elogiable. En cambio, el concepto de Es lo que hay me parece fatal, tan irrespetuoso con los autores no antologados como con los incluidos, por lo que no da ni para la polémica (si ése fuera el efecto buscado) porque nadie más que Lardone puede salir a defenderlo con alguna convicción. El sentido primero y más evidente de la frase “es lo que hay” es de una resignación negativa, y no puede desactivarse tratando de explicar desde un prólogo otras posibles connotaciones.
¿Cuál crees que es el escritor más relevante hoy en el país? ¿Y en Córdoba?
No me atrevo a hablar de relevancia, sino apenas de gusto. De los que he leído, uno de los que más valoro es Marcelo Cohen: tiene una obra consistente, que siempre vuelve a la música como tema y también como rasgo de la prosa, compleja y muy personal (confieso, sin embargo, que no he podido avanzar con su última novela, Casa de Ottro; prefiero Impureza, o El oído absoluto). En la aparente sencillez y el humor de Hebe Uhart —por ejemplo en los cuentos de Del cielo a casa o en Turistas— encuentro rasgos prosísticos y temáticos con los que me identifico. Si me hubieran hecho esta pregunta hace menos de un año, hubiera incluido a Fogwill en la lista: aun con sus provocaciones indefendibles, su pensamiento afilado es un desafío; algunos artículos de Los libros de la guerra son una verdadera escuela para un escritor en ciernes. Algo parecido me pasa respecto de la literatura de Córdoba: quisiera que Jorge Barón Biza no hubiera saltado por la ventana diez años atrás; El desierto y su semilla es lo mejor que llevo leído de la narrativa cordobesa. En poesía, he disfrutado de la Serie americana de Alejandro Schmidt, entre otros poemas suyos que he leído en su blog; y también de los Tres poemas dramáticos de Silvio Mattoni.
¿Abordamos de diferente forma la lectura de un texto según el soporte en que se presente? ¿Leemos igual de un libro que de un blog, por ejemplo?
No leemos igual. Como el cine y las citas a ciegas, la lectura también depende en buena medida de nuestras expectativas, y el soporte en que se presenta un texto es uno de los factores que influye notoriamente en esas expectativas. También lo hacen los géneros y subgéneros, las editoriales y sus colecciones, y en general todo rasgo pasible de ser aprendido y por ende sopesado con anterioridad a la lectura en sí.
La cultura de la imagen cada vez gana mayor terreno, muchos chatean con dibujos en lugar de escribir palabras, o mandan mensajes de texto en códigos indescifrables. Ahora se sumaron las redes sociales. ¿Cuál es el futuro de la palabra? ¿Y el de la literatura?
La narración como tal existirá hasta el último día de la humanidad porque es uno de sus aglutinantes sociales más fuertes. Incluso trascenderá ese día, si después de nosotros aparece alguna otra raza interesada en nuestra historia y capaz de interpretarla.
Lo que importa, para un narrador, es narrar. ¿Qué importa si lo hace con palabras o con imágenes? No sé qué pasará con los otros géneros literarios, pero en todo caso —en un pronóstico llevado al extremo—, el destino último de la palabra es el mismo que el de la imagen, porque en el inexorable retorno a la Nada el silencio y la oscuridad son equivalentes.
¿Cómo ves el futuro del libro de papel?
Como el de las gaseosas en botellas de vidrio. Cuando eras chico no decías “¡qué buen sabor le da a la bebida este tipo de envase!”. No tenías con qué comparar. Hoy comprás botellas de plástico, lo que es muy conveniente en muchos sentidos, y te acostumbrás al sabor que tiene la bebida… pero un día pasás por un pueblo o un kiosco donde todavía venden de vidrio, volvés a tomar del pico una Coca-Cola fría y sentís una gran diferencia. Y así, aunque no haya vuelta atrás (diariamente, seguís comprando envases de plástico), el soporte anterior cobra otro valor.
El libro de papel va por el mismo camino. Con la llegada y el acostumbramiento a los defectos y virtudes del libro electrónico, el de papel se convertirá en un objeto vintage que siempre será muy valioso para quienes se han formado con él como lectores. Un librero me explicó que, con la llegada del libro electrónico, el futuro de su negocio no será desaparecer en tanto librería, sino transformarse en una especie de anticuario-cazador de ediciones raras, porque el segmento del público lector que valora esas ediciones no va a desaparecer; podrá ser pequeño pero, por cuestiones de la más pura lógica de oferta y demanda, estará dispuesto a pagar bien por esos libros.
¿Qué requisitos debe reunir un libro para volverte loco?
Podría intentar un listado pero, precisamente, lo más importante para que me vuelva loco siempre será que ese libro no responda a ningún listado completo de requisitos que yo pudiera elaborar de antemano, sino que instale su propia requisitoria con ítems imposibles de prever (y, así y todo, volverme loco). Por eso, esa “locura” por un libro en particular está imbricada con la edad a la que descubriste dicho libro; y también por eso, una mayor experiencia como lector va espaciando las sorpresas, mientras que éstas son abundantes en la etapa de formación.
¿Qué es un buen escritor? ¿Y uno malo?
El buen escritor y el mal escritor son lo mismo: dos niños inocentes que desean ser amados, y que tienen la loca idea de que eso se logra escribiendo lo mejor posible. Un deseo perseverante es el motor de ambos, pero sólo uno de los dos logrará escribir de una forma que rompa barreras y supere los estándares de su tiempo, o que por lo menos represente con fidelidad absoluta un universo claramente personal. El otro dictará talleres literarios.
¿Cómo ves a los talleres literarios?
Paso.
¿Cómo nace y cuál es el objetivo de El lince miope?
Alejo Carbonell, Diego Vigna y yo nos encontramos cada tanto en el barrio. En algún encuentro, Alejo sostenía que si bien en Córdoba hay un “ambiente” literario, no se termina de constituir un campo propiamente dicho por la falta de un aparato crítico que opere por fuera de las instituciones (el diario, la universidad…). Con matices, Diego y yo pensábamos algo parecido. Yo siempre había razonado el tema recordando esas artesanías en que se toma un taco de madera, se dibuja algo sobre él —por ejemplo, el contorno de la provincia de Córdoba—, y luego se clavan muchos clavitos sobre la línea de ese contorno, para empezar a tensar hilos de colores entre los clavitos (era algo que se enseñaba en la primaria, en manualidades). La literatura de Córdoba tiene todo eso: una buena base, el contorno dibujado, los clavitos bien firmes… pero faltan más hilos entre ellos.
Por eso, entre los tres decidimos impulsar El lince miope, donde unos autores/lectores —no necesariamente “críticos literarios”— comentan, reseñan o critican los libros de otros autores de la región. La idea es contribuir a la intensificación del intercambio y las saludables tensiones que constituyen un campo literario. De a poco iremos incorporando matices, invitando autores/lectores de diferentes puntos de la provincia y también de diferentes generaciones.

Link: www.martincristal.com.ar

Grises, verdes de Diego Vigna


Grises, verdes fue la opera prima de Diego Vigna y contiene sietes cuentos. Se publicó en La Creciente, editorial desaparecida, mítica ya en la ciudad de Córdoba que se caracterizó por imprimir en pequeño formato primeras obras de autores jóvenes, muchos de los que hoy conforman un discutido canon de literatura local. Por allí pasaron Falco y Lamberti, por citar algunos.

Vigna tiene 28 años, nació en Neuquén y participó en las antologías y compilaciones Carne (La Creciente, 2006), Ensayo(s) de Narradores (Alción, 2007), Diez Bajistas (Eduvim, 2008) y Autogol (Ed. Funesiana, 2009). Hoy tiene una obra que comienza a consolidarse con el lanzamiento hace dos años de Hadrones, un libro de cuentos realistas publicado por Recovecos.

Los cuentos de Gises, verdes no dan lugar a remates argumentales, cierres de sentido, u otro tipo de recursos que suelen identificar a una literatura de manual. Vigna trabaja con la disolución, el desvanecimiento, el foco que se apaga lentamente o simplemente la amputación. En eso se suma a una producción local que no puede escapar a lo carveriano. Muchas veces expone instantáneas de sensaciones arrastradas por el viento cálido de la soledad. Se acerca al realismo para tomar de él lo que sirva para construir, con la fluidez del texto, una literatura desinteresada. Una apatía de sentido estrictamente literaria.

Las imágenes son nítidas y vibrantes, como en este pasaje de Papá cobra en dólares:

“Tres o cuatro meses después de haber llegado a Caracas, el abuelo se acercó al árbol con soga y un banquito de madera. (...) Después acercó la escalera y la apoyó contra el tronco. Empezó a subir, despacio, hasta la segunda rama, que también es gruesa, y ató la soga con fuerza. (...) Yo aproveché ese tiempo para bajar hasta la segunda rama y controlar el nudo. Traté de no hacer mucho ruido. El abuelo se acercó al árbol (...) Metió la cabeza por el círculo de la soga y se quedó quieto. Mirando el pasto. Los manchones oscuros.

Antes de llamarlo y decirle abuelo se me ocurrió que podía tocar el nudo. Apoyé los dedos sobre la soga, muy pero muy despacio, rozando, hasta que pateó el banco, y el peso hizo tensar la cuerda y la tensión se comunicó con mis dedos y me llegó hasta el hombro.”

En Colgados, una pareja en un auto absorbe todo el instante de la angustia y el frío en una escena que ya es pasado mientras transcurre. En el tercer cuento aparece un gaucho suicida con intentos tragicómicos por ahorcarse.

Filos de invierno emociona. Es un punto alto del libro. Una profunda evocación de la inutilidad, del paso del tiempo, de la traición. Un padre con sus hijos sentado en la plaza observa como su mujer se acaricia en el bar de enfrente con un viejo conocido del pueblo. En Tanto tiempo afuera el relato hace equilibrio en la frontera de lo escatológico-cotidiano, pero jamás cae en lo bizarro. Hay ternura en esa sordidez en pantuflas porque Vigna tiene un uso de lo coloquial envidiable y preciso la mayoría de las veces.

Le gusta decir que no le convence mucho la posibilidad de llamarse “realista” por el término en sí: le suena un poco pretencioso, algo así como un destino, un lugar alcanzado, y no un proceso que lo lleva a escribir.

En Línea divisoria, se puede alcanzar el horizonte de tanto caminar. Quizás, un intento de alegoría sobre la anhedonia, la concreción de las metas, la nada que espera en cada sueño. La utopía que se devela sosa.

Silencio al fondo, de Alejandro Schmidt

Poesía

Ediciones Salido/ ediciones Radamanto - 2000


Córdoba tiene una tradición poética que muchas veces se expresa más en cantidad que en calidad, y resulta difícil, muchas veces, encontrarse con obras significativas a la hora de comenzar a conocer a los referentes. Una cita ineludible y uno de sus grandes exponentes (me gusta llamarlo herrero del género) es el villamariense Alejandro Schmidt. De entre sus más de 30 libros, Silencio al fondo, se me antoja inaugural, pequeño pero autosuficiente, en ocasiones autoflagelante pero orgulloso.

Se trata de un poemario sobre el acto de escribir, el ser que escribe versos, la poesía misma como condición irrenunciable, artificio y peligro. El poeta como efecto irremplazable de la rutina, la podredumbre, la muerte, el embrutecimiento de la soledad y el silencio. Un ser cautivo del decir insatisfecho.

Con pocas palabras

puede escribirse todo

pero al escribir todo

algo se borra


Dividido en dos partes (Carne Vacía y El Aire) los poemas de Silencio al Fondo se desarrollan desde los títulos: que puede esperarse de un hombre que solo ha luchado contra sí; poetas de provincia; en la oficina; por que leo poemas en el trabajo; por que nunca más presentaré un libro de poemas y otros que barren de luz los textos como faros de luz intermitente, insinuando la costa. Hacia el final la luz distancia cada vez más su frecuencia y nos desafía a mirar con lo aprendido, a avanzar palpando las rocas del símbolo y lo abstracto:

Pero la rosa y el amor son así

presencias

fuego del amparo

lluvia y demora

en la quietud del rayo

hay respuestas en la Tierra

y al fin

cuando todo se cumple

una raíz que justifica

la flor

su abismo

esta miseria.

Gracias a la casi ausencia de signos de puntuación, los versos de Schmidt se desplazan sobre el agua. Alrededor, solo desierto, aunque todos los poetas griten como monos en los árboles.

La palabra, resignada a esa mítica condena, festeja su condición de Sísifo en el poema Empujo una piedra, donde canta: piedra durísima / y feliz / donde refresco la muerte. y le habilita dos preguntas de rigor al poema siguiente: ¿Qué hará el poeta sin su piedra? ¿Qué arrojará entre un silencio y otro? El aire la lleva, esa piedra es palabra, silencio de un fondo consiente, sombra encendida.


UN OSO POLAR -adelanto exclusivo-

I

Esta es la historia de Lautaro Hans Melzenberg. A los cinco años se le paraliza una de sus manos. A los siete, la otra. Imposibilitado para ir al colegio a partir de entonces, pasa por lo menos cuatro de los siete días de la semana con su tío Mel. “El tío Mel”, así lo llamaba Lautaro. Era tan fácil pensar en el tío Mel. Sólo bastaban dos o tres palabras. “El tío Mel”. Larga vida al tío. Nadie sabía qué era de la existencia del tío Mel. Desaparecía todo el tiempo, todas las tardes. Su sombra se parecía a la sombra de un conejo, de cualquiera de los conejos del fondo, cuando estaban encerrados y no hacía sol. Se sabía que había querido hacer muchas cosas con su vida, pero que no había logrado casi ninguna. “Casi”. En ese “casi” estaba el problema. Cómo explicar. Cómo narrar alguno de los hechos de la vida del tío Mel. Por ejemplo: se sabe que era fotógrafo, aficionado. A los siete años (casualmente, la misma edad en que Lautaro Hans ve paralizado el movimiento total de sus manos) el padre lo obsequia con una cámara de fotos. Nunca la usa. Tres años después, el padre muere. A partir de esa época, comienza la seguidilla de fotos. ¿Qué fotos? Las fotos. Deslizadas por debajo de la puerta, desperdigadas debajo de la alfombra, debajo del mantel, debajo de los almohadones, de cualquier sillón,, los miembros de la familia del tío Mel van hallando fotos. Fotos. Y más fotos. Todas iguales. Todas, de él. En todas las fotos: solamente sus dos manos.



(Lautaro Hans Melzenberg posando con su hermana en el día de su noveno cumpleaños. Como se ve, su mano izquierda permanece rígida, firme. La otra fue situada en el cuello de su hermana con ayuda de algún superior. Arriba, una pajarera vacía.

La habitación del tío Mel).


II

¿Y qué tiene que ver la historia del Tío Mel con la biografía de Lautaro Hans Melzenberg? ¿Es acaso de tal importancia el punto, el momento, en que dichas vidas se encuentran? ¿No fueron, siquiera, tan sólo unos años? Sí. No. Sí; pero no. No: de ninguna manera. Hablar de la fascinación (¿es correcto, corresponde usar ese nombre?) que sostuvieron uno por otro es hablar de uno, de otro, de los dos. La historia de la familia cuenta: fotos y más fotos de las manos de Mel. Fotos en diferentes poses, en diferentes gestos, aunque la mayoría son fotos donde las manos posan en la misma actitud de cansancio natural. Gastadas. Sucias. Limpias. Heladas de frío, después. Las manos de Mel. La obsesión, la multiplicación de estas fotos en la casa de la familia. Hasta que crece Lautaro Hans, hasta que Lautaro Hans cumple cinco, luego siete años. Entonces, repentinamente, las fotos dejan de aparecer. No hay más fotos. La abuela y sus hermanas vuelven, a partir de entonces, a necesitar de verdadero papel para escribir. Pero en su pieza, en la que había sido asignada como su pieza, Lautaro Hans se encuentra, periódicamente, con fotos. Sus fotos. Las fotos, ahora de circulación restringida, personal, las fotos sacadas por el tío Mel. Como la sombra de un conejo suelto un día en que no hay sol, Mel comienza a fotografiar subrepticiamente, escondido, sorprendente y alejado, a su sobrino Lautaro. Que en el momento mismo en que su tío prepara la foto, en esos pequeños instantes, se sabe cómplice. Entre el deseo de la foto, y el disparo de la máquina, Lautaro Hans Melzenberg puede mover las manos.

(Lautaro, en bicicleta, para sorpresa de los demás)


III

¿Y cómo recibía Lautaro las fotos que eran deslizadas por debajo de la puerta si no podía mover las manos, ya que tenía neutralizada su acción? Fácil respuesta. La habitación del fondo a la izquierda, luego del pasillo y las escaleras con forma de espiral, estaba asignada a Lautaro y a su hermana, Nilda. Nilda Delia Menzelberg: una niña sumamente egoísta, apabullante, envidiosa. Pero curiosa, de ella, del mundo, y de las actitudes de los demás. Era ella, Nilda, quien veía deslizarse las fotos por debajo de la puerta, periódicamente, sin un sistema definido, pero con regularidad. Era ella quien le mostraba las fotos a su hermano, a quien veía permanecer silencioso, indiferente, equidistante. Era ella quien le mostraba las fotos a la familia, preguntando quién era, qué hacía, qué estaba pasando, con su hermano, con el tío Mel. Los domingos, todos cenaban juntos. El tío Mel usualmente faltaba, se ausentaba, desde temprano y hasta el otro día nadie sabía dónde se había metido. Pero dejaba la cámara fotográfica en un cordel, atada en el portal. Ese era el día en que todos sacaban fotos. Ese día era el preferido de Nilda, y de casi toda la familia. Cuando se retiraban a acostarse, esas noches, en especial, Nilda Delia no apagaba la luz: compartía con su hermano los ejercicios de matemática y su dibujo preferido: el dibujo de un oso polar.


(Lautaro, con su hermana Nilda y el pequeño Otto Hans. Como se ve en la foto, el recurso usado para simular movimiento en las manos de Lautaro es el mismo: una mano se dejaba quieta; la otra, se la hacía apoyar levemente sobre una superficie horizontal)

(continuará..)



* Pablo Natale nació en la década del 80 en la ruta interestatal Córdoba - Rosario. Mantiene el blog pacmanvuelve.blogspot.com desde setiembre de 2006. "Un oso polar", es su primer libro de cuentos. El cuento homónimo ganó el primer premio para Jóvenes Creadores de la Agencia Córdoba Cultura 2006
.

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Pablo Natale presentará Un Oso Polar el miércoles 22 de Octubre a las 19:30 hs. en el Centro Cultural España Córdoba junto a Luciano Lamberti y Lucas Moreno.


"El discurso poético está condenado por el estado"

Breve como las olitas que produce la tanza de pescar posada sobre el agua, Rocamora, del Alejo Carbonell (Premio Tejeda 2006), es uno de los mejores libros de poesía que leí en la provincia. En el poema que abre y da nombre al volumen despliega una iconografía pueblerina que desemboca con matices de madurez, en la ciudad. La nostalgia no surge del recuerdo, acompaña desde que nacemos. Leer este libro hace pensar en una Santísima Trinidad Angosta: la calle, el río, el poema. Los márgenes de la calle y su ecosistema, el río y sus veredas, las aguas de letras que se escriben hacia abajo.
Carbonell nació en 1972 en Concepción del Uruguay (Entre Rios) y vive en Córdoba desde hace once años. Entre otras actividades (fundo la editorial La Creciente) es miembro de la comisión organizadora del Encuentro Poéticas del Sur, que se desarrollará en Octubre con muchas presencias internacionales, Pedro Lemebel entre ellos, y organiza una clínica de poesía para el Centro de Arte Contemporáneo, que contará con cinco docentes muy prestigiosos.



Foto: Ana Fernández Comes





¿Cuánto hay de autobiográfico en Rocamora?
Entiendo que algo que escuchaste decir acerca de un vecino tuyo en la infancia y que queda retumbando en la cabeza durante años es parte de lo biográfico, en ese sentido mis textos son muy autobiográficos.

El libro parece estar compuesto por retazos de una obra más completa, parece un fotograma de película. ¿Cómo escribís? ¿Pensas en “una obra” a la hora de escribir, o a eso lo ves después?
Es una pregunta muy interesante. Hay una continuidad que no está pensada a priori y que tiene que ver con las preguntas que persigo desde hace tiempo. Digo preguntas, posición política, toma de decisiones con respecto a en donde quiero poner el acento a la hora de escribir. No me he inventado el personaje-escritor, así que escribo lo que pienso sin mayores tensiones.

¿Cómo ves el panorama de la literatura cordobesa?
Es complejo. Vi en el último tiempo dos reportajes a escritores cordobeses que ante la misma pregunta prácticamente planteaban una disyuntiva entre buenos y malos. Me parece que es un análisis de poco vuelo. Lo que puedo decir es que los nuevos autores están forzando de manera saludable a que se abra el panorama a partir de algunas muy buenas producciones y de un movimiento muy heterogéneo. Pero en la mayoría de los casos la vanidad está por encima del ejercicio de la crítica.


¿Es verdad que la poesía está subvalorada con respecto a otros géneros?
¿Para quién? En la experiencia de La Creciente publicamos tres libros de poesía por cada uno de narrativa, y en otras editoriales como Recovecos pasa lo mismo. Hay muy buenos autores en la región, pero creo que el problema es que el discurso poético está condenado por el estado. Si la mayoría de los lectores de poesía son autores es porque hay un déficit que supera la idea de mercado y aquí el gran ausente es el mismo que está ausente en el hospital, en la escuela, en las villas.

¿Qué es un buen lector?Aquel que es capaz de disfrutar un texto sin prejuicios. Sin saber nada de vos ni de lo que escribís, y que pueda metamorfosear el escrito en su propia imaginación y experiencia. Claro que para eso se necesita buenos escritores también.

¿Qué es un buen escritor, y uno malo?
Lo primero que se me viene a la cabeza es la idea de honestidad. Hay muchos narradores actuales que ante un relato interesante deciden ir terminando el texto desde unas páginas antes, en pos de una historia cerradita, legible, digerible, “bien escrita”, en definitiva, en términos de critica literaria y mercado. Prefiero a aquellos que apuestan por una puñalada más honda, sin importar los resultados.

¿Abordamos diferente la lectura de texto según el soporte donde se ha publicado, por ejemplo, leemos igual un blog que un libro?
Y si, pero también se escribe diferente. Por lo poco que conozco, en los blogs priman los textos ligeros, los clichés de la ironía contemporánea y la cibermatoneada anónima. El blog te condena menos que un libro, pero es un formato, y como todo formato, es cercenador. Es una gran mentira eso de que es democrático, federal, etc, Ese es un razonamiento de burgués culposo, estamos parados en un país que todavía tiene analfabetos.

¿Qué es "volverse loco" con un libro?Llevar en la cabeza el eco de lo que leíste por mucho tiempo. Soñar haber escrito ese libro, soñar ser un personaje de ese libro.

¿Qué requisitos debe reunir un libro para "volverte loco"?Tengo una debilidad especial con los libros en donde la voz de los personajes está bien trabajada. Y tal vez lo más importante es no estar predispuesto a que un libro te enloquezca, agarrar un libro en la biblioteca de un amigo y hojearlo sin que te diga “este ganó el premio…” y que el asombro te sorprenda despojado.


A D E L A N T O


En unos días estará a la venta en el local de la editorial Llanto de Mudo la antología del poeta Alberto Mazzocchi publicada en edición bilingue en París hace mucho tiempo y preparada ahora en español por el escritor Iván Wielikoseliek.
“Cuando el otoño golpeó con sus puños el alma y las calles dejaron pasar a los mendigos; cuando una vez más cayó la tarde con su viejo olor a lluvia en el impermeable de los pobres y la soledad se sentó en todas las sillas rojas de los bares, los poemas de Alberto E. Mazzocchi volvieron a leerse…”
dice W desde el apéndice, y continúa:
“No seré el primero ni el último a quien, por algún designio del azar, le caiga en manos la poesía de Alberto E. Mazzocchi.
Tampoco seré el primero ni el último de aquellos que, habiéndose quedado con la brutal resonancia de sus versos en la sangre, haya salido a buscar al poeta y sólo haya encontrado el rastro apagado de un fantasma.
Para todos los que se aventuren a cruzar el umbral de estos versos y salgan luego a buscar a su autor, les diré que apenas si quedan apagados ecos de su paso por el mundo…”

“En todo caso hubo una sola persona sobre la Tierra que ocupó el cargo de guardián absoluto de estos versos, y sin cuyo celo estos textos no hubiese atravesado casi medio siglo de indiferencia mediterránea. Esa persona fue el escritor Federico Undiano. Y si algún valor tiene este libro para la literatura de Córdoba y las famosas "generaciones venideras" (que de seguro se ocuparán de asuntos más pragmáticos y lucrativos que "la poesía de un suicida") es a él y sólo a él a quien hay que darle las gracias. Aunque sus ojos, el único par de ojos que parecen haber visto a ese que "realmente" fue Alberto E. Mazzocchi, estén enterrados en un campo de la provincia de Córdoba tras su muerte parisina; ocurrida hace ya más de ocho años. Sus ojos cerrados que duermen para siempre en aquel casco de estancia donde alguna vez Mazzocchi vivió diez días y de cuyo ámbito natural y familiar se sirvió para escribir, pocos meses después, "No sé por qué se debe morir". Ahí yace Federico, quien se llevó al más allá la única placa fotográfica posible de Mazzocchi, la del poeta y del hombre. Para todos los demás, apenas si nos habrá quedado el fantasma del primero y el testamento hecho poemario del segundo.
Quizás a estas dos maneras de continuidad tan palpable como inmaterial se reduzca toda vigencia; la eterna perdurabilidad de todo Evangelio”.



Poemas:





Olvidaba decirte
que el mar guarda el secreto
que yo no escribí en las piedras mi nombre
ni dejé a propósito una huella en el suelo
encontré la verdadera tristeza en estos cadáveres de pájaros
pero si también he apartado la arena
fue por algo
no temas que las hierbas divulguen mi muerte
las hierbas guardan el secreto
y si he perdido alguna medalla hace mucho
en ellas no hay ninguna leyenda
no temas que en las medallas se diga algo de mi muerte
las medallas son demasiado pequeñas
para escribir en ellas una leyenda
las gaviotas no saben nada
saben de sus nidos y del día
y del alimento que flota en el agua
pero tú sabes que muchos bosques han desaparecido
pero en esos caminos lo único que puedes hallar
es la soledad
no temas
es la soledad que se nutre
y no mi manto ni mi blusa
ni un cabello mío que ha quedado en alguna rama
el viento también guarda el secreto
si inclina los árboles las ramas altas de los árboles
y desparrama las hojas pequeñas de los pinos
o si despeina un niño pobre
o si sacude la falda de una mujer pobre
no es para decir mi nombre
la noche está allá en el barranco
donde estuvo siempre allá en el barranco
este mar guarda el secreto
no dirá a nadie que he muerto.

*



EPÍSTOLA A DYLAN THOMAS



Te escribiré
que en todos los países hay ríos
mediodías sombras espíritus que se juntan
calabazas llenas de agua para que beban los que se han ido
maderos disecados y extraños de esquifes
donde se aferran las mujeres para llorar
donde sube un cangrejo
diversas muertes que aún no han terminado
medianoches
instintos
máscaras
raíces

nostalgias emponzoñadas que reposan en los vientres
lejos aún de todo incrustadas
árboles que nos recuerdan lo que hemos abandonado
un cocktail distinto todos los días
ruedas de caucho dudas vergüenzas.

Y esto es todo lo que tienes
mientras no hay nadie
y esto es todo lo que tienes

hace tanto que las chovas desveladas han huído

y nada poseías
sólo el frío de tus carnes.

Quédate
ya nunca más
sólo la esperanza necesaria de los pobres.

Estábamos ebrios
desnudos o con las mangas mojadas
así llovía sobre nosotros
y así simplemente éramos hombres
habíamos comido y llorado.

Ahora ya todo está demasiado endurecido
ni los rostros besados.

Te escribiré
que en todos los países hay ríos
y además encontrarás
tu cara de gusano
tatuada en la falda de una mujer inglesa
o en un vaso de cristal.




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Alberto Mazzocchi nació en Las Varillas el día de la primavera de 1937. En 1956 abandonó la Facultad de Filosofía y Humanidades de Córdoba, tenía 18 años. Después de un viaje a Buenos Aires donde conoce a Federico Undiano (un dramaturgo Uruguayo fallecido en París en 2000) intentó suicidarse ingiriendo fármacos. No muere, pero la intoxicación le provocó un coma. Al año siguiente fue internado en un hospital siquiátrico, donde el tratamiento incluyé terapia de electroshock. Finalemnte se fuga. En enero de 1958, en medio de una discución con su madre, y frente a ella, se hiere a la altura del corazón con un cuchillo. Lo internaron en el sanatorio Las Rosas, pero otra vez logra fugarse, y con la ayuda de Federico Undiano obtiene los medios para escaparse a Buenos Aires, lejos de su madre que lo acosaba constantemente.
En abril de ese año se corta las venas de la muñeca izquierda, lo internan nuevamente. Lo absuelven de cumplir el servicio militar y en Marzo de 1959 viaja a Montevideo para reunirse con Undiano. Una vez más logra escapar del cerco materno con 20 años. En diciembre de ese año se casa con Lidia, diez años mayor que él, la relación se deteriora casi inmediatamente en medio de violentas peleas. Ella lo abandona y vuleve a la casa paterna, pero el no lo toleró y la obligó a regresar a punta de pistola. Se instalan en una pensión de la ciudad de Córdoba en donde lo sorprende la policía con órden de captura. A cien metro de allí, en las inmediaciones del Parque Sarmiento, a las 13,30 se pega un tiro en la sien. Era un 5 de febrero de 1961, tenía solo 22 años.
En septiembre de 1985, respetando el pedido que Mazzocchi le había hecho, Undiano publica en Paris un poemario que comprende sesenta y cuatro de sus textos en edición bilingue por Edition Harmattan. Este conjunto es el m´pas completo que se haya publicado hasta el presente y se ofrece en la web por € ,50. En el ámbito académico, el filósofo frances Jacques Aureillan basó su tesis de lingüistica en la vida y obra de Mazzocchi. El trabajo se llamó RIO-CAMINO-CALLE // TRES VIAS PARA UNA BUSQUEDA, y fue presentado en la Universidad de la Sorbonne- Paris IV, en octubre de 1986.
Su producción literaria se extiende a otras obras: A PAUL ELUARD, que fue publicado con el seudónimo de Mariette Vibert, en Laurel –Hojas de Poesía, N° 9-10, Córdoba en Octubre-Noviembre de 1957; EPISTOLA A DYLAN THOMAS con el seudónimo de Ivan Schlav, en Marcha N970, Montevideo julio de 1959; y ALBERTO MAZZOCCHI, RAROS Y OTROS POEMAS, Los Huevos del Plata, colección La Cáscara del Huevo, Montevideo 1970.
Casi no se encuentran referencias sobre su vida más que estas. Se lo nombra como uno de los símbolos de la poesía cordobeza de los 50’ en el N 1 de la revista Andén, de Córdoba; donde además se lo encasilla dentro de los que lograron asimilar mesuradamente la experiencia surrealista junto a Requena; en una nota firmada por Gaspar Pio del Corro.
La obra de Mazzocchi, estimada en unos mil doscientos poemas, está marcada por un destino particular. La mayor parte de sus textos permanece desconocida. Quiza se encuentren abandonados en una despensa, un sótano, un granero, o bien dispersos entre familiares o amigos que los ignoran, sin descartar la posibilidad de que hasta hayan sido destruídos por desconocimiento de su valor, desprovistos de toda utilidad.

LUCIANO LAMBERTI / H. 667/ 9/ W

- No -, dice papá.

Caminamos de noche por una calle de barrio: la luz de las esquinas atraviesa los árboles para formar figuras amarillas en el cemento. No se oyen radios ni motores; a lo sumo el ladrido de un perro invisible. Lejos del centro, la ciudad parece otra. Como si hubieran puesta una ciudad (una ciudad casi idéntica a la vieja ciudad) en el lugar de la vieja ciudad. Hemos bajado hace unas horas del colectivo, papá llevándome de la mano, y nos hemos internado despacio entre casas desconocidas. Ahora nuestros pasos raspan el pavimento. Acabo de preguntar a papá si sabe donde queda la casa del tío.

- No -, dice papá. – No vamos del tío.

Me suelta la mano y empieza a correr.



(de Sueños de siesta - La creciente - 2004)

SALIÓ 25 CIUDADES


Beatriz Actis


Eugenia Almeida


Hernán Arias


Cristina Bajo


Kike Bogni


Alejo Carbonell


Reyna Carranza


MarianoCognigni


Martín Cristal


Federico Racca y Guillermo Daghero


SergioGaiotieri


Pablo Giordano


Esteban Llamosas


Fernando López


Cristina Loza


Fernando Medeot


Fedrico Minolfi


Antonio Oviedo


José Playo


SantiagoRamírez


Paula Ruggeri


Juan Cruz Sánchez


Nelson-Gustavo Specchia


FernandoStefanich


y Martín Sueldo.




La Editorial de la Universidad Católica de Córdoba (Educc) presenta el primer volumen de la serie "Narrativas" de su colección "De Puño y letra". Se trata de 25 Ciudades, una antología que recopila los mejores cuentos publicados en la sección "Lecturas de Verano" del diario La Voz delInterior. La selección, a cargo de Emanuel Rodríguez –periodista del suplemento Cultura de La Voz del Interior–, supone un abanico de propuestas narrativas contemporáneas, e incluye cuentos de escritores consagrados como Cristina Bajo, Antonio Oviedo y Reyna Carranza, escritores jóvenes como José Playo y Alejo Carbonell, y autores que aún no han publicado libros propios, como Federico Minolfi y Fernando Medeot. 25 Ciudades incluye 25 de los más de 70 cuentos publicados por el diario cordobés durante el verano de 2007, y propone así un repaso por lo que se escribe actualmente en Córdoba.