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No estaba muerto, estaba de parranda



Salió mi libro de cuentos Los Muertos editado por El Mensú. Se trata de nueve cuentos escritos en estos últimos años, algunos inéditos. Se puede conseguir a partir del viernes a la tarde en Kiosco Charles si estás en Las Varillas, y en las librerías a partir de la semana que viene en Villa María. La distribución se irá desarrollando paulatinamente, se reciben pedidos y hacen envíos a cualquier lugar, si se tiene paciencia. 

El voto en blanco


   Lo único que había leído de Saramago antes de ser Nóbel fue el famoso evangelio según Jesucristo, que me gusto bastante en plena época posadolescente porque molestaba a los dogmas institucionales y humanizaba a Jesús y su tiempo. Hace unos años intenté con La Barca de Piedra y tuve que dejarla a las pocas páginas, su prosa era un alquitrán cada vez más espeso e impenetrable. No me animaba, por eso, a entrarle a Ensayo sobre la Lucidez; sobretodo porque no había leído el anterior, sobre la ceguera, que contiene a un personaje central que atravieza los dos libros.
   El miedo se materializó a poco de empezar, el ritmo de la prosa parecía viajar en un Escania a veinte kilómetros por hora, pero con paciencia, después alcanzó una velocidad agradable, de crucero. La historia empieza a interesar casi llegando a la mitad de la novela; es buena y está narrada magistralmente si tenés paciencia. Saramago cuenta cómo, la mayoría de los pobladores de la capital de un país deciden votar en blanco en las últimas elecciones, y el Gobierno decide retirarse de la ciudad para accionar desde afuera en lo que cree una conspiración subversiva (¿les suena?).
   La ceguera actúa como metáfora todo el tiempo cuando tres años atrás la población había padecido una epidemia y solo una mujer podía ver, la que termina siendo sospechosa de la conspiración, la figurita repetida. Los personajes policíacos son tratados como clichés de lo mejor del humor paródico-policia y remite a veces a  diálogos de Macedonio Fernández, así, el libro avanza raudamente hacia un final muy serio. Realmente serio.
   La ficción del triunfo del voto en blanco que narra José Saramago se hizo realidad una vez. Ocurrió en nuestro país en las elecciones de 1957. La Revolución Libertadora había prohibido mencionar al general Perón. Los militares habían derogado la Constitución peronista del 49, habían repuesto por decreto la de 1853, y aspiraban a reformarla. El peronismo estaba proscrito, y por eso el gobierno optó por hacer como ni no existiera y convocó las elecciones sin permitirle participar, pese a tratarse del partido mayoritario. Desde el exilio, Perón pidió a los peronistas que votasen en blanco. Y así lo hicieron, y de hecho fue el voto en blanco el que salió vencedor en las urnas. 2.115.861 votantes optaron por esa alternativa. Cerca quedó la Unión Cívica Radical del Pueblo, con 2.106.524 votos, y más lejos la Unión Cívica Radical Intransigente, con 1.847.603; los Conservadores, con 582.589; la Democracia Cristiana, con 420.606; la Democracia Progresista, con 263.805, y el Partido Comunista, con 228.821votos. Claro que no fue exactamente lo mismo que plantea Saramago en Ensayo sobre la lucidez: el voto en blanco era un voto a Perón.
   Saramago afirma que él no apoya el voto en blanco, simplemente plantea esa alternativa. Quienes sí lo defendieron fueron los escritores nicaraguenses Gioconda Belli, Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez en las elecciones al congreso de su país en 2001. En España, en las últimas elecciones al Congreso, fueron emitidas un total de 406.620 papeletas en blanco, un 1’57% del total, record de la democracia reciente española. La cantidad de votos en blanco se ha multiplicado por nueve en ese país desde las primeras elecciones democráticas, celebradas en el año 1977.  

Novedad

   Desde Ciudad del Este hasta Asunción, desde Pedro Juan Caballero hasta África y más allá, los relatos reunidos en Los Chongos de Roa Bastos enfrentaron la desestructuración social, la migración del mundo rural y las mutaciones alucinadas del Paraguay de nuestros días. Sus personajes bailan al ritmo cumbiantero y cachaquero de los barrios populares, de sus narradores oímos las voces laterales del mundo capitalino y las historias de viejas urbanidades en ciudades cada vez menos rústicas.
   La literatura paraguaya contemporánea late al calor de los nuevos tiempos tórridos que vive el país. Un Paraguay que celebró en el 2011 su Bicentenario, en 1811 declaró su doble prescindencia de monarcas españoles y de comerciantes rioplatenses. Hoy la tierra sin mal que añoraban los jesuitas, la yuy marane `y de los tupí guaraníes, tiene más hectáreas sembradas con soja transgénica y marihuana que naranjas, más mafiosos que dictadores.
   Es un país rural que reclama la reforma agraria, y un país de ríos y represas que lucha por la soberanía energética. Un país demográficamente joven y veinteañero que hace con sus lenguas los experimentos literarios más arriesgados, más temerarios y más fructíferos.
   Los narradores convocados en Los Chongos de Roa Bastos (Domingo Aguilera, Montserrat Álvarez, Cristino Bogado, Damián Cabrera, Douglas Diegues, Nicolás Granada, Edgar Pou, José Pérez Reyes y Javier Viveros) así lo demuestran.

Libro


Libro


¿Conoce usted las posibilidades del futuro? ¿Sabe que quizá podrá volar sin necesidad de aviones ni de alas? ¿Que su casa podrá no necesitar pintura jamás? ¿Que los robots harán el trabajo que el hombre desdeñe?
Este libro se adelanta una descripción del fabuloso mundo que de la ciencia ya está creando para nuestros hijos.

Este libro me lo regaló la abuela de mi novia que necesitaba alivianar la biblioteca. Es una reliquia deliciosa editada por Plaza & Janés en el 66. En él se puede encontrar gráfica como las de ésta página y fotos en blanco y negro de prototipos increíbles. Lo realmente cautivante, son aquellos avances que no llegaron a nada, inventos y desarrollos tecnológicos y Científicos que fueron un fracaso o no se concretaron. No tiene desperdicio tampoco la ingenuidad (que no lo fue en su época) con que se desarrollaban los temas. Los dejo con algunos pasajes:

"Los maestros de escuela contarán con máquinas traductoras y con mayor número de equipos de televisión de circuito cerrado (...) Usted podrá preparar los alimentos en cocinas dotadas con energía nuclear. (...) Los vehículos que no tocan el suelo, o vehículos sobre colchón de aire, ya han sido inventados. Pueden viajar sobre el agua, los pantanos, las marismas, la arena, la nieve y el hielo. Estos vehículos carecen de ruedas. En cambio, poseen ventiladores que arrojan aire hacia abajo, formando de esa forma un colchón de aire entre el vehículo y la superficie sobre la cual se desplaza éste. El colchón de aire eleva al vehículo de unos pocos centímetros a más de medio metro sobre la superficie del suelo o el agua. (...) Para no quedarse atrás, los ferrocarriles tienen nuevas máquinas Diesel que alcanzan la velocidad de 145 Km por hora."

"El señor Lisle Hodell y su esposa (...) realizan las tareas de la casa y el jardín oprimiendo botones o moviendo llaves (...) para bajar camas plegadizas, para llevar las cenizas por medio de una cinta desde la chimenea hasta el cantero del jardín, para lustrar zapatos, para poner en movimiento la cascada de un estanque. (...) Ya existen cepillos eléctricos para los dientes y el cabello y lámparas exteriores que mediante ojos eléctricos se encienden automáticamente al atardecer y se apagan al alba. (...) También desaparecerá el discado de números telefónicos. Para llamar a un número utilizado frecuentemente, lo único que usted hará es deslizar una tarjeta perforada en una ranura del teléfono, y el instrumento discará automáticamente."

"Cuando los hombres lleguen a la luna, es probable que los estén esperando las casas prefabricadas de Bill Henderson. Serán casas con calefacción, aire acondicionado, presión interna mantenida artificialmente como en las cabinas de los aviones estratosféricos, y protección contra las radiaciones que pueden llegar a la luna. (...) En 1850, el habitante medio de Estados Unidos podía abrigar la esperanza de vivir 38,2 años. Hoy las probabilidades de vida superan los 70 años.(...) nuestros hijos pueden abrigar la esperanza de vivir más de 100 años. (...) Estamos asistiendo al nacimiento de la técnica de los transplantes. Salvo el caso de la córnea del ojo, los animales y los seres humanos normalmente rechazan los transplantes. (...) Los hombres de ciencia han descubierto que las moléculas espiraladas de una combinación de ácido y proteína (denominada ADN) presentes en el núcleo de una célula, determinan entre otras cosas las características que la misma heredará de sus antecesoras."

Perón

Desde que en realidad era hincha de Boca hasta las dificultades dignas de Gatica que atravesó en su exilio, pasando por el amor desorbitante por sus caniches, el pequeño volumen de Las aventuras de Perón en la Tierra (Sudamericana) reúne las anécdotas y los detalles más curiosos, inéditos e hilarantes vinculados a la figura de Juan Domingo Perón. A manera de muestra, Radar reproduce algunas de las compiladas por dos periodistas de la producción del programa Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, y que salieron a buscar, chequear y ratificar historias desopilantes. Acá van dos:



   –¿En serio es él?
   –En serio.
   –Nos gustaría saludarlo.
   –Esperen un minuto.
   El dueño, maitre y cajero de la cantina estilo argentino que llevaba años atendiendo turistas en la ciudad de Panamá, se dirigió hacia donde estaba el hombre en cuestión.
   –¿Puede venir un minuto?
   –Sí, señor, lo que usted diga.
   El general ya se había acostumbrado. Eso ocurría seguido. Dejó la ensalada y el pedazo de carne que estaba comiendo y se paró para acompañar al mandamás de la cantina en la que solía comer con su gente.
   El general Juan Domingo Perón ese mediodía vestía un pantalón claro y una camisa blanca de manga corta por afuera del cinturón. Estaba acalorado, molesto, pero no podía negarse al pedido de sus compatriotas. Uno era el dueño de la cantina, los otros una pareja de turistas, viajeros de ocasión que al enterarse de que estaban comiendo en el mismo lugar que el general Perón no podían resistir la tentación de conocerlo. En su país no lo habían podido ver más que de lejos.
   El general llevaba ya unos meses viviendo en la pobreza acompañado por unos pocos hombres que habían dejado la Argentina para seguir a su líder en un exilio, que hasta ahí no había sido otra cosa que un deambular sin sentido por países que no se animaban a darle asilo por miedo a tener que cortar relaciones con Buenos Aires.
   Fue Ramón Landajo, un espía formado por el general, el que se encargó de armar la logística de la vida en Panamá y el que había encontrado esta cantina de un argentino que les daba de comer a cambio de que el general Perón engalanara su local.
   Perón, entonces, cumplía su papel, iba a la mesa de los curiosos, sonreía con esa sonrisa imbatible, saludaba con los brazos en alto y firmaba algún autógrafo, si el turista de turno lo pedía.
  Una vez cumplido el rito se volvía a sentar para terminar su plato de comida ganado con el sudor de su frente.

* * *

   Después de un periplo sinuoso por Centroamérica y el Caribe, rodeado de espías, esquivando golpes de estado, recibiendo esbirros con orden de asesinarlo o pagando la comida con su presencia y con fotos junto a los comensales, el general Perón detuvo su andar en Madrid.
   Se instaló en un edificio ubicado en el número 11 de la calle Arce. En el piso de arriba vivía otro personaje famoso que llevaba varios años repartiendo su tiempo entre su país natal y España, la actriz Ava Gardner.
   Curiosamente el destino parecía empecinado en unir de alguna manera a las dos figuras. Poco antes de que el general fuera expulsado por un golpe de estado, un humorista de la radio había encontrado en una película una referencia que usaría para bautizar a los opositores. La película era Mogambo y una de sus protagonistas era Ava Gardner, la otra era Grace Kelly. La ardiente morena y la más bien gélida rubia se disputaban los favores de Clark Gable en el medio de las praderas africanas. En la película se usaba el ruido de los tambores como aviso de que los gorilas se acercaban. Delfor, el creador de La revista dislocada, tomó al vuelo el asunto y lo transformó en canción y jingle del programa. Cuando se escuchaba ruido de tambores se anunciaba: “Deben ser los gorilas, deben ser”. Desde entonces y para siempre los opositores a los gobiernos peronistas son llamados gorilas.
   En 1962 la morocha desenfrenada y el ex gobernante coincidieron en el edificio de la calle Arce. No hay actas de las reuniones de consorcio pero sí hay registro y relatos orales de lo mal que se llevaban ambos.
   El general Perón llegó a llamar a la policía varias veces por el bullicio que metía la actriz en su permanente jolgorio. La tremolina que armaba se daba de patadas con la vida ordenada, cuartelera incluso, que Perón llevaba. Si el general denunciaba a las autoridades el desorden que provocaban Ava Gardner y sus invitados, la actriz aseguraba que los perros del general eran absolutamente histéricos e insoportables, aunque lo que más odiaba era que, según ella, el ex dictador extrañaba sus arengas ante las masas y que por eso salía al balcón lanzando discursos a una multitud imaginaria a la que saludaba con las dos manos en alto.
   Cuentan que mientras el general se quejaba de la vida fiestera de Ava, ella cada vez que lo veía asomarse al balcón salía y le gritaba: “¡Perón maricón!”.

Leyendo...



Pese a todo, tengo que ocultar cierta desazón cuando estoy con un niño. Me veo a mí mismo a través de sus ojos, y recuerdo cómo miraba yo a los adultos cuando era pequeño. Me parecían gente gris, muy aficionados a sentarse, muy inclinados a hablar de tonterías, muy acostumbrados a no esperar nada. Mis padres, sus amigos, mis tíos y tías parecían vivir con la mirada puesta en las preferencias de otras personas, lejanas y más importantes. Para un niño se trataba, desde luego, de una simple cuestión de definición ambiental. Después descubrí en algunos adultos dignidad y animación, y más tarde esas cualidades, o al menos la primera, se revelaron en mis padres y en la mayoría de sus amistades. Pero cuando era un niño enérgico y engreído de diez años y me encontraba en una habitación llena de adultos, me sentía culpable y para mí era una muestra de cortesía ocultar lo que me estaría divirtiendo en otra parte. Cuando una persona de edad —todas lo eran— se dirigía a mí, me inquietaba que se me viera una expresión de compasión en el rostro.

Libro




Nico, gracias por el regalo. Había leído Catedral, que casi no recuerdo más allá del cuento del niño muerto y la vuelta a la pastelería donde madrugan con el pastelero hablando vanalidades. En este hay un relato, al final, sobre la muerte de Chejov. Es fantástico, brillante, genial, lo mejor que leí de Carver hasta el momento. Es un escritor que sirve para etiquetar a varios otros escritores cordobeses, sus cuentos parecen no tener final ni alegoría, con párrafos que parecen faltar, o podados bestialmente, como si alguien los violentase,  parecen pasajes de novelas, o bien, instantes de la vida de gente generalmente mediocre, anémica existencialmente, con pocas escenas, escenarios vacios o atardeciendo; en definitiva: un minimalista, mote que se le retiró por completo cuando estalló el escándalo. En el décimo aniversario de su muerte, el editor, Gordon Lish, y su viuda, Tess Gallagher, alegaron, sin vergüenza, que fueron ellos quienes moldearon los relatos de Carver, cortándolos, aportando ideas, corrigiéndolos o incluso reescribiéndolos casi por completo.
No sé si me importa mucho cuántas manos hayan escrito este libro, pero es precioso. Comienza por una madre que no se muda jamás, vive rodeada de las cajas de embalaje pero nunca parte, y sigue con un cuento donde un escritor viajando al oeste hace un alto en un pueblito para visitar a su ex-mujer a la que desde la separación le estuvo mandando los recortes de las notas de prensa de los libros que publicaba. En otro cuento hay un tipo obsesionado con la casa de enfrente, y una mujer; y en el que sigue otro tipo es económicamente exprimido por la familia y no puede escapar; y otro pobre tipo, en el ante último cuento, es abandonado por su mujer en una escena surrealista desesperante. Después llega el genial Tres rosas amarillas, que da título al libro, y relata las últimas horas del viejo Chejov. Es brillante, te dejo el párrafo que relata el encuentro con Tolstoi:

   Tolstoi se quitó la bufanda de lana y el abrigo de piel de oso y se dejó caer en una silla junto a la cama de Chejov. Poco importaba que el enfermo estuviera bajo medicación y tuviera prohibido ha­blar, y más aún mantener una conversación. Chejov hubo de escuchar, lleno de asombro, cómo el conde disertaba acerca de sus teorías sobre la inmortali­dad del alma. Recordando aquella visita, Chejov es­cribiría más tarde: «Tolstoi piensa que todos los seres (tanto humanos como animales) seguiremos viviendo en un principio (razón, amor...) cuya esen­cia y fines son algo arcano para nosotros... De nada me sirve tal inmortalidad. No la entiendo, y Lev Ni­kolaievich se asombraba de que no pudiera enten­derla.»
   A Chejov, no obstante, le produjo una honda im­presión el solícito gesto de aquella visita. Pero, a diferencia de Tolstoi, Chejov no creía, jamás había creído, en una vida futura. No creía en nada que no pudiera percibirse a través de cuando menos uno de los cinco sentidos. En consonancia con su con­cepción de la vida y la escritura, carecía —según confesó en cierta ocasión— de «una visión del mun­do filosófica, religiosa o política. Cambia todos los meses, así que tendré que conformarme con descri­bir la forma en que mis personajes aman, se despo­san, procrean y mueren. Y cómo hablan».

Emilio Moyano publicó "El libro blanco"



A  veces las historias de viaje surgen o desembocan en historias de amor, como si el movimiento y el paso de una estación o aeropuerto a otro, o de un país o una ciudad a otra muy cercana o muy lejana, fuese la ocasión ideal para un cambio. Casi nadie gira en vano ni siquiera en los viajes circulares, y la mayoría de los desplazamientos parecen cumplir con su promesa de un cambio, al menos en algún orden, pero no es menos cierto que cuando este se da puede que agrade o defraude a su protagonista.
Bruno Giordano, el narrador protagonista de El libro blanco (Ciprés Ediciones), del cordobés Emilio Moyano, pasa por ambas situaciones. En un primer momento, llega a Madrid como una de las tantas víctimas de la economía argentina de fines de la década de 1990, consigue un trabajo y conoce a una mujer, Manuela, con quien vive durante un tiempo hasta que esta lo termina engañando. La novela comienza cuando se abre un segundo momento: después de un tiempo prolongado en el que Bruno sólo alterna el trabajo con las horas frente al televisor, abatido e indiferente por la ruptura, decide hacer un viaje de fin de semana a Lisboa, donde se encontrará con Virginia, la mujer que lo había cautivado cuando ambos se conocieron, cinco años atrás, en el aeropuerto de Ezeiza momentos antes de iniciar el viaje a España.
“En un sentido estricto, la historia surgió de un viaje que hicimos con mi esposa al sur de Europa”, señala Moyano sobre los motivos que lo llevaron a escribir esta historia. Y añade: “Tal vez parezca un poco pretencioso de mi parte, pero esa experiencia me dejó con tantos interrogantes que sentí la necesidad de escribir cuáles eran mis impresiones sobre ese lugar del mundo”.
Mundo imaginario
Más allá de este episodio personal, el autor advierte que no se trata de un libro autobiográfico, “aunque seguramente debe haber muchísimas referencias a mi propia vida, así como a mis traumas, mis miedos, mis deseos”, y más bien le gusta pensar que es “un mundo ficcional, autónomo, ajeno a mí mismo, un ejercicio de la voluntad y la imaginación”.
La novela tematiza la búsqueda existencial y amorosa del personaje, que una vez en España debe padecer el comienzo de la crisis, más que nada de la propia, y el atentado en la estación de Atocha. Enfrentado al solipsismo que le ofrece su propia soledad, se golpeará una y otra vez –con una novia ocasional y con los compañeros de trabajo: hasta encontrarle una vuelta a las cosas y decidirse por escribir lo que le había pasado. Pero es el reencuentro con Virginia el que le revela la posibilidad de un cambio, más que nada de empezar a reescribir su historia desde otro lugar.
–¿Te interesaba, al menos en parte, hacer una toma de la crisis de una generación, de sus vaivenes?–A pesar de los intereses particulares, sin dudas que es así. El protagonista pertenece a mi generación y de alguna manera todos sus prejuicios estéticos e ideológicos se corresponden con los de aquellos que hemos nacido a finales de la década de 1960 y principios de la década de 1970. Y si bien posee sus variantes, en el fondo está marcado por las distintas idas y vueltas que nos caracterizan y que nos alejan de otras generaciones, para quienes todo era blanco o era negro, sin ningún otro matiz el medio. Es un personaje que puede mirar las cosas en perspectiva y paralelamente sufrir de la falta de certezas.

Por Gustavo Pablos para La Voz del Interior.

Libro

Leo, te recomiendo esta novelita de Terranova que está bárbara. La devoré en una noche así al toque y me encantó. Se trata de un pibe que es tatuador y ve a sus amigos emigrar hacia la violencia, empiezan a atacar bares de irlandeses y después se van al carajo. El tipo cuenta eso y habla mucho sobre tatuajes y lo que simbolizan, algunas anécdotas de clientes, un hermano más grande que es como un semidiós, una novia, y pocas cosas más. Rara vez se anda preguntando cosas y el tiempo transcurre en ese momento de la vida en que uno tiene que hacer algo porque se encuentra en la gran curva. Esta buena. Es honesta, para nada pretenciosa, ágil, muy bien escrita, los personajes son creíbles cien por cien, parece autobiográfica a full aunque no lo es, creo. Es lo primero que leo de Juan Terranova y me encantó. Ya lo conocía por su blog y su afición a los rinocerontes (una vez le mandé el logo de Zanello pero ya lo tenía). Hay otros libros de él que voy a trata de Conseguir, tiene muchas cosas publicadas, las famosas son: Música para Rinocerontes, Mi nombre es Rufus y Los Amigos Soviéticos, que se puede leer on-line acá. A esta la editó Eduvim, de Villa María, y fue un golazo. Espero que te guste. Un abrazo.

Cómo me reí

Aunque a Aira no le guste que se rían de sus libros, a mí me gusta leer libros que me hagan reír. Hacía mucho que no me pasaba. La última vez había sido con La conjura de los necios de John Kennedy Toole. Ahora releeo en parte y me sorprendo con cosas nuevas en este único volumen que reune los tres libros de cuentos del gran cineasta, guionista y actor cómico Woody Allen, publicados ya en otra colección. Se trata de Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Sin plumas y Perfiles. Me sigue sorprendiendo la enorme capacidad de Woody Allen para reírse, y hacernos reir, de nuestra propia torpeza en el momento de enfrentarnos precisamente con aquellos problemas que más hondamente nos afectan. Y comprobamos, una vez más, cuán gratificante es recobrar un poco, en este acelerado mundo nuestro, la serenidad que tan saludablemente nos insufla el infrecuente ejercicio del humor.

   Al dar hoy mi paseo del mediodía, me asaltaron nuevos pensamientos mórbidos. ¿Qué hay en la muerte que tanto me desazona? Los horarios. Melnick afirma que el alma es inmortal y que continúa viviendo después de morir el cuerpo, pero si mi alma existe sin mi cuerpo, estoy convencido de que todos mis trajes le vendrán demasiado grandes. Oh, bueno…

Una aproximación a los fenómenos psíquicos     
   No hay duda de que existe un mundo invisible. El problema es ¿queda muy lejos del centro? ¿Y hasta qué hora está abierto? Continuamente se producen fenómenos inexplicables. Un hombre ve espíritus. Otro escucha voces. Un tercero se despierta y aparece corriendo en el Madison Square Carden. ¿Quién de nosotros no ha sentido alguna vez el contacto de una mano glacial en la nuca cuando estábamos solos en casa? (Yo no, a Dios gracias, pero los hay que sí.) ¿Qué hay detrás de estas experiencias? ¿O delante de ellas, ya que estamos en el tema? ¿Es cierto que hay hombres capaces de antever el futuro o de comunicarse con espíritus? ¿Y puede uno ducharse después de la muerte?   
   Afortunadamente, estas preguntas acerca de los fenómenos psíquicos han sido contestadas en un libro de próxima publicación, ¡Buuu!, cuyo autor es el Dr. Osgood Mulford Twelge, el prestigioso parapsicólogo y profesor de ectoplasma en la Universidad de Columbia. El Dr. Twelge ha compilado una notable historia de los incidentes sobrenaturales, que cubre todo el espectro de los fenómenos psíquicos, desde la transmisión de pensamiento hasta la extravagante experiencia de dos hermanos en lugares opuestos del mundo, uno de los cuales tomó una ducha mientras el otro quedó limpio de repente.
   El señor Albert Sykes comunica la siguiente experiencia: "Me bailaba sentado, comiendo bizcochos con unos amigos, cuando sentí que mi espíritu abandonaba mi cuerpo y se iba a telefonear. Por algún motivo, telefoneó a la Compañía de Fibras de Vidrio Moskowitz. Mi espíritu regresó luego a mi cuerpo, donde permaneció unos veinte minutos o así, en la confianza de que nadie querría jugar a las adivinanzas. Cuando la conversación se centró en los trusts de empresas, se retiró otra vez y se puso a vagabundear por la ciudad. Tengo el convencimiento de que visitó la Estatua de la Libertad y luego se fue a ver las variedades del Radio City Music Hall. A continuación se detuvo en la Taberna de Benny donde dejó una cuenta por valor de sesenta y ocho dólares. Mi espíritu decidió entonces volver a mi cuerpo, pero le fue imposible encontrar un taxi. Finalmente, subió a pie por la Quinta Avenida y se reunió conmigo justo a tiempo pata ver las últimas noticias. Puedo afirmar que entró entonces en mi cuerpo, porque sentí un escalofrío repentino, y una voz dijo'. "He vuelto.Quieres pasarme las uvas?". Este fenómeno se ha repetido en varias ocasiones desde entonces. En una de ellas, mi espíritu se marchó a Miami para pasar el fin de semana, y en otra fue detenido al pretender marcharse de los almacenes Macy sin pagar una corbata. La cuarta vez fue mi cuerpo el que abandonó a mi espíritu, aunque sólo se hizo dar un masaje y volvió inmediatamente.»

UN DIA EN LA VIDA DE UNA CERVATILLA 
Una música insufriblemente exquisita suena al levantarse el telón, y vemos los bosques en un atardecer de verano. Un cervatillo entra danzando y mordisquea lentamente unas hojas. Va con indolencia a la ventura por el suave follaje. Pronto rompe a toser y cae muerto. 

NORMAS Y PROVERBIOS
El león y la gacela yacerán juntos, pero la gacela no dormirá muy bien.Aquel que no perezca por la espada o por el hambre, perecerá por la peste, entonces ¿para qué afeitarse? 

¿Qué importancia tienen los años, sobre todo si tu apartamento es de renta limitada? Lo que hay que tener presente es que cada época de la vida ofrece sus propias satisfacciones, mientras que si estás muerto es difícil encontrar el interruptor de la luz. El problema principal que plantea la muerte, inherentemente, es el temor de que pueda no haber otra vida… un pensamiento deprimente, en particular para aquellos que se han molestado en afeitarse. Asimismo, ¡mede darse el temor de que exista otra vida, pero que nadie sepa dónde se ha metido. En el aspecto positivo, la muerte es una de las pocas cosas que pueden efectuarse estando cómodamente tumbado. 

El inspector Ford examinó la nota de rescate: «Queridos mamá y papá: Dejad 50.000 dólares en una bolsa debajo del puente de Decatur Street. Si no hay puente en Decatur Street, por favor construid uno. Me tratan bien, tengo alojamiento y buena comida, aunque ayer por la noche las almejas de lata estaban demasiado cocidas. Enviad el dinero rápidamente, porque si no se sabe de vosotros dentro de varios días, el hombre que ahora me hace la cama me estrangulará. Os quiere, Kermit. P. S. Esto no es una broma. Adjunto una broma para que podáis apreciar la diferencia.»

Los ojos de Sharon Tate

Querido Leo: te escribo para recomendarte Los ojos de Sharon Tate, editado hace cinco años por el sello cordobés Llanto de mudo. El autor es el mismo que escribió ese libro sobre nuestro Mazzocchi, Iván Wielikioselek (un apellido que siempre hay que googlear para escribir bien, y no creas que hay muchos resultados) del que había leído un libro de poemas llamado Cotidianos funerales en La Tierra donde ya amasaba varias obsesiones que aparecen como fundantes en este libro: la relación con el padre abandónico, la madre promiscua, la oscuridad, las ideas matricidas y la pobreza. 

   "Recuerdo que esa noche, extrañamente y por primera vez, realicé el dibujo de un boxeador. En una doble página de El Gráfico, decía en letras rojas: "Big John Tate, la máquina de pelear", y ese título me parecía estremecedor, porque pocos días antes yo había estado enfermo, me había quedado en casa, y había visto con mi madre la película sobre el Clan Manson. Mi madre me había explicado que Charles Manson mató a la esposa de Roman Polanski, (la chica de "La Danza de los Vampiros", me decía ella para ubicarme) que estaba embarazada y casi a punto de parir, clavándole diesciséis puñaladas. Después, con la sangre de la mujer, el clan había escrito en la pared "puercos". La mujer de Polanski se llamaba Sharon Tate. O sea que tenía el mismo apellido que la máquina de pelear. A mí, esta casualidad me producía un pánico absoluto. (...)
  —Mirá Ivancito, acá sale lo del Clan Manson, fijate.
   —¿Cuál es? —le pregunto yo, muy ansioso por ver la cara del criminal.
   —Este de bigotes.
   —¿Este? —digo yo.
   —Sí, mirá, se parece a ese infeliz de tu padre...
   Y es cierto. El rostro ajado y de bigotes con los ojos clavados en alguna obsesión interior, bien podría ser el rostro de mi padre cuando se ausenta de la gente.
   —¿Y esta? -pregunto yo, porque acabo de ver "a Dios".
   —Esta es Sharon Tate, la chica que mató a puñaladas. (...)
    Siento que esa imágen, que esos ojos de mujer que se han clavado en mí como una redentora aparición, me van a hacer dormir en paz hasta el día siguiente. Y ya no pienso en la prueba de aritmética ni en mi padre con su gorra azul ni en mi nona ni en mi madre ni en las divisiones de dos cifras. Entonces sin conocer aún la canción de Lennon, siento algo muy parecido a su estribillo, "Bless you, wherever you are" (Bendita seas a donde quiera que estés); y le digo hasta mañana a la vida misma." 

   Compuesta por diescieis relatos, esta especie de novela se ensambla a la soledad como una anestesia que hidrata todo. La historia transcurre entre Ballesteros y Villa María (algún escenarios en Córdoba), y trata de un niño que crece con su madre depresiva y su padre que se fue para siempre y ahora encuentra en el espejo veinticinco años después. Los personajes están muy bien construidos y cuesta no identificarse a cada momento con el polvo de pueblo, las despensas, las siestas, los bares infectos de chismes, la infancia surrealista, los cielos tristes, la soledad y la búsqueda del padre en cada flashback; y la duda artística, existencial, colmada de neurosis, de una vida adulta que Iván mastica como puede mientras escribe para una revista provinciana mientras una voz en su mente le repite que mate a su madre. 
   Wielikioselek es un autor irregular, caótico. En general no encontré en sus libros una trama, sino una dispersión inevitable. Sus libros (otro que leí es Crónicas del Sudeste) tienen altibajos muy marcados. Siempre estoy a punto de abandonar sus libros pero siguo adelante porque recuerdo algún chispazo de genio anterior. Los ojos de Sharon... no es el caso, si bien por la mitad existe una hondonada de la que cuesta emerger, el libro se puede leer con gusto de principio a fin. 
   ¿Cuánto hay del autor en el relato? Creo que mucho. Estos textos son un intento de autobiografía, como casi toda su obra, y digo intento porque (según sus libros que recurren siempre a estos temas) la vida del autor se fragmenta y los pedazos se alejan entre sí con los años, las ciudades, los pueblos, los rostros queridos. El tipo nació en Ballesteros, pero vivió en Villa María, Córdoba, Buenos Aires, Viedma, Estados Unidos, Brasil, Francia y España; y publicó algo así como diez libros, pero a los ejemplares que llegaban a sus manos, los quemaba. Aborrece sus obras viejas, como esta, donde trata de reunir esos pedazos de su vida con una prosa poética de a momentos genial y trascendente, que en otros deja lugar a los vicios de la narrativa o la dilatación.
   De todas maneras, Leo, tenés que leer esto, es algo que uno tiene que conocer de las nuevas generaciones que escriben. Fijate en este pasaje:

   Me veo otra vez recostado ahí, mirando el techo derruido de la pieza mientras ella enciende un cigarrillo y se tiende desnuda a mi lado con las uñas rojas que nunca se sacó.
   —¿Querés uno? —me dice.
   —No gracias, no fumo.
   Aún me veo minutos antes entregándole el dinero de su tarifa y ella que me hace pasar.
  —Esperame que ya vengo; primero tengo que hacer la caja.
   Y luego ella que vuelve y me ve parado sin hacer nada y se asombra.
  —¿Pero todavía no te sacaste la ropa, Bebé?
   Y luego yo que me desvisto de espaladas y luego ella que me agarra el pitito y me lo empieza a lavar sobre un jabón "Odex" celeste en pan y con relieves, como si hiciera rodar un ñoquito virgen encima de un tenedor mientras caen unas gotas jabonosas sobre el agua de la palangana.  

Abrazo.

Mariana Enriquez y el regreso de los niños

Recomiendo esta novelle o cuento de Mariana Enriquez publicado por la editorial de la Universidad de Villa María el año pasado. La historia aborda de manera reflexiva la trata de personas, una temática que tiene escasa presencia en las agendas políticas e informativas, pero a nivel mundial es el delito más rentable junto al tráfico de armas y al tráfico de drogas. Mechi, empleada del Centro de Gestión y Participación de Parque Chacabuco, debe mantener y actualizar el archivo de chicos perdidos y desaparecidos en la ciudad de Buenos Aires. Un trabajo monótono hasta que una chica desaparecida a los catorce años por la que, debido a su belleza y a su extraño nombre, Mechi se había interesado particularmente, aparece. Será la primera de una lista de chicos que vuelven después de haber estado ausentes durante años. Pero hay un detalle que vira la historia hacia un final alegórico interesante.

Experimento Cultural / Comercial



















Este es un libro de poesía que publiqué en 2009 con el sello Textos de Cartón, de Córdoba. Ahora lanzo la editorial Cosas de mimbre (un poco en joda un poco en serio) para que puedan comprarlo en papel (on-demand) en España, Estados Unidos o en cualquier otro país si les da el bolsillo (en Argentina compren la edición de cartón), o bien pueden bajarlo a sus e-books readers pagando una ínfima suma de dinero, o bien, si no les interesa que yo reciba dinero, leerlo grátis en la pantalla. Abajo van todas las opciones para que elijan. El experimento apunta a conocer que porcentaje de lectores recurre a pagarlo a pesar de que pueden leerlo grátis, y qué cantidad de lectores recurren a estos métodos en comparación con la edición tradicional de libros. Todos los comentarios serán bienvenidos.




Dulce condena

Quizá, todas las amantes sean una. Pero cuando cualquiera de ellas se erige como una más, es todas menos una, Irgla, que enferma a Ramos y lo lleva a contar esta novela de amor, y sospecho, de ninguna otra cosa. No es una chica fácil Irgla, al igual que la literatura, merece grandes sacrificios, embarcarse hacia lo desconocido y perderse de a momentos en viejos fantasmas ahora palpables, algunos dulces y eternos, otros decadentes, penosos; creyendo que eso nos hará mejores y merecedores de la amada. Pero nada más letal que el tiempo, el que todo lo destruye, el que nos descompone mientras nos creemos componiendo.

Los personajes y sus paradigmas van sumando capa sobre capa en un historia hojaldrada y difícil, pero fresca. Siempre su amor por Irgla da anclaje al delirio y la expansión. Ramos no miente su paciencia ni su amor, está sometido a ella, a lo que el destino depare, todo será justo si incluye a Irgla. La prosa es oral y veloz, caótica de a momentos, florida y anecdótica. Su humor particular espera a la vuelta de alguna analogía que creíamos ociosa pero que contemplamos vibrante.

“Hay pocas verdades absolutas. Una de ellas es ésta: cuando el ser humano se halla al borde de la resistencia, agobiado por la desesperanza y se siente estúpido, inútil, mierda en su estado más puro, le basta enfrentarse y gozar de una obra de arte para salir del abismo. Esa misteriosa alquimia que produce el arte surge de extrañas fuentes que no quiero o puedo desentrañar. Después del partido de básquet, sudoroso y feliz, regresé a mi habitación convencido de que había participado en un ritual, en una especie de exorcismo, y que ya Jenny había sido expulsada de mi cuerpo”.

La primera edición de Mujeres Amadas apareció en 1988 en la editorial de la Universidad de Veracruz, México, donde el colombiano trabaja como catedrático. Conocía cierta fama gracias a la edición argentina de Breve historia de todas las cosas (1975), su ópera prima a los 25 años, la cual recibió el Premio Nacional de literatura de Costa Rica “Aquiles J. Echevarria”. Después llegaron los volúmenes de cuentos Alquimia Popular (1979) y Cuentos para después de hacer el amor; y otra novela Paraísos Hostiles (1985). Germán Vargas, uno de los sabios de Cien años de soledad y maestro de Garcia Márquez, dijo que esta novela era un "tratado de erotismo burlesco-trascendental" y el propio Gabo “una de las mejores novelas eróticas de la literatura colombiana del siglo XX”.

Como bien definió Diana Maritza Arango Loaiza, el lenguaje del amor quiérase o no, es un lenguaje literario. Todo aquel que ama se convierte casi automáticamente en un poeta. Si se consideran brevemente los mecanismos del amor, este fenómeno no tiene por que resultar extraño. Amar es una apuesta por la esperanza (espera del ser amado, espera del encuentro, espera de la felicidad) en la que el mundo se vuelve más detallado y colorido. Por ello son tan comunes las sospechas, índices y grandes pistas que el amante ve en los pequeños detalles y que a la larga conforman toda historia de amor. Imposible referirse a este mundo suprarrealista sin tener que echar mano a la poesía, imposible no sentir que el lenguaje corriente se torna escaso e insuficiente para describir lo que sentimos. No hay que extrañarse entonces que la literatura, ya sea desde la poesía o la narrativa, ha sido desde siempre la forma por excelencia para referirnos al amor.

Detrás de tanto amor, y sexo y mujeres, esta Marco Tulio, con su acidez galopante reflexionando sobre el mundo contemporáneo e inflando el pecho, como le gusta, hablando de sí a través de un personaje. Pero el resultado no es lo que a primera vista imaginamos como algo cercano a lo adolescente sino, muy por el contrario, un trabajo estético elaborado a la altura de un escritor como él; poco conocido hoy a pesar de haber sido en los setenta y ochenta la oveja negra y genial (underground) de un boom latinoamericano ya en merma.

Mujeres amadas sugiere una pieza faltante en un rompecabezas personal donde es inevitable perderse en otros brazos que no son los de la amada, para reconocer los encastres que la configuran, y la vuelven imprescindible. Aunque el tiempo nos devore.

FICHA:

Mujeres Amadas, de Marco Tulio Aguilera Garramuño

Editorial de la Universidad Veracruzana 2011

Cuarta edición - México.

Reedición de la Felicidad es un Gordini

Grises, verdes de Diego Vigna


Grises, verdes fue la opera prima de Diego Vigna y contiene sietes cuentos. Se publicó en La Creciente, editorial desaparecida, mítica ya en la ciudad de Córdoba que se caracterizó por imprimir en pequeño formato primeras obras de autores jóvenes, muchos de los que hoy conforman un discutido canon de literatura local. Por allí pasaron Falco y Lamberti, por citar algunos.

Vigna tiene 28 años, nació en Neuquén y participó en las antologías y compilaciones Carne (La Creciente, 2006), Ensayo(s) de Narradores (Alción, 2007), Diez Bajistas (Eduvim, 2008) y Autogol (Ed. Funesiana, 2009). Hoy tiene una obra que comienza a consolidarse con el lanzamiento hace dos años de Hadrones, un libro de cuentos realistas publicado por Recovecos.

Los cuentos de Gises, verdes no dan lugar a remates argumentales, cierres de sentido, u otro tipo de recursos que suelen identificar a una literatura de manual. Vigna trabaja con la disolución, el desvanecimiento, el foco que se apaga lentamente o simplemente la amputación. En eso se suma a una producción local que no puede escapar a lo carveriano. Muchas veces expone instantáneas de sensaciones arrastradas por el viento cálido de la soledad. Se acerca al realismo para tomar de él lo que sirva para construir, con la fluidez del texto, una literatura desinteresada. Una apatía de sentido estrictamente literaria.

Las imágenes son nítidas y vibrantes, como en este pasaje de Papá cobra en dólares:

“Tres o cuatro meses después de haber llegado a Caracas, el abuelo se acercó al árbol con soga y un banquito de madera. (...) Después acercó la escalera y la apoyó contra el tronco. Empezó a subir, despacio, hasta la segunda rama, que también es gruesa, y ató la soga con fuerza. (...) Yo aproveché ese tiempo para bajar hasta la segunda rama y controlar el nudo. Traté de no hacer mucho ruido. El abuelo se acercó al árbol (...) Metió la cabeza por el círculo de la soga y se quedó quieto. Mirando el pasto. Los manchones oscuros.

Antes de llamarlo y decirle abuelo se me ocurrió que podía tocar el nudo. Apoyé los dedos sobre la soga, muy pero muy despacio, rozando, hasta que pateó el banco, y el peso hizo tensar la cuerda y la tensión se comunicó con mis dedos y me llegó hasta el hombro.”

En Colgados, una pareja en un auto absorbe todo el instante de la angustia y el frío en una escena que ya es pasado mientras transcurre. En el tercer cuento aparece un gaucho suicida con intentos tragicómicos por ahorcarse.

Filos de invierno emociona. Es un punto alto del libro. Una profunda evocación de la inutilidad, del paso del tiempo, de la traición. Un padre con sus hijos sentado en la plaza observa como su mujer se acaricia en el bar de enfrente con un viejo conocido del pueblo. En Tanto tiempo afuera el relato hace equilibrio en la frontera de lo escatológico-cotidiano, pero jamás cae en lo bizarro. Hay ternura en esa sordidez en pantuflas porque Vigna tiene un uso de lo coloquial envidiable y preciso la mayoría de las veces.

Le gusta decir que no le convence mucho la posibilidad de llamarse “realista” por el término en sí: le suena un poco pretencioso, algo así como un destino, un lugar alcanzado, y no un proceso que lo lleva a escribir.

En Línea divisoria, se puede alcanzar el horizonte de tanto caminar. Quizás, un intento de alegoría sobre la anhedonia, la concreción de las metas, la nada que espera en cada sueño. La utopía que se devela sosa.

Bajo este sol tremendo – Carlos Busqued


Anagrama – 2009 - Novela
Bajo este sol tremendo (Premio Herralde 2008) es una novela lacónica sobre la desolación. Centarti, su protagonista, fue despedido de su trabajo y todo lo que hace es ver Discovery Channel y fumar porros. Una tarde, el teléfono le informa que su madre y su hermano han sido asesinados a escopetazos en Lapachito, Chaco. Viaja, tiene que hacerse cargo de los cadáveres. Allí, en un paisaje similar a los de Cormac McCarthy, conoce al suboficial retirado Duarte, antiguo militar. Aquí comienza un derrotero que incluirá ilegalidades varias, mudanzas, negocios dudosos, hobbies inofensivos y otros perversos.
La prosa avanza veloz pero anestesiada, flotando como una alfombra mugrienta sobre el desierto, solo cuenta, no se detiene en devaneos. Los personajes son pocos, todos imprescindibles, con diálogos bien delineados, casi perfectos. De a momentos está a punto de convertirse en una road-movie pero la pereza dentro de este mundo creado por Busqued, la aleja de las rutas. Gran parte de la historia transcurre en el pueblo del norte. Hasta la violencia extrema y las aberraciones parecen achatadas por el calor, que lo comprende todo, como si pudiera existir una siesta polar chaqueña.

Danielito fue hasta el dormitorio. Agarró primero la mesita de luz de la que se veían asomarlos zapatos de su padre. Revisó el cajón. Estaba la pistola y la caja de munición. Chequeó el cargador,estaba completo. No había bala en la recámara. Se guardó la pistola atrás del cinto y dejó la caja de munición en el piso. Revolvió unos papeles y encontró el brevet de aviador civil y también lo guardó en un bolsillo. Vio un paquete de preservativos y se le dio vuelta el estómago. Cerró el cajón y llevó la mesita al patio. Hizo lo propio con la mesita de luz de la última mujer de su padre, pero sin revisar. La cama la desarmó, era fácil porque estaba armada con encastres. Mientras iba y venía, su madre permanecía al lado del fuego, mirando fijamente las llamas.
Los calamares gigantes y los modelos de aviones para armar pueden volverse un tema más importante que los asesinatos y las depravaciones, solo porque así lo quiere un ritmo sofocante y amoral que nos mantiene en un viaje soñoliento mientras vemos a los insectos chocar el parabrisas. De a momentos una metáfora brutal (la historia de los elefantes traumatizados desde que vieron asesinar a sus madres ante ellos, por ejemplo) nos sacude como un bache en la ruta, nos despierta y detiene. Nos impone bajar del auto.
La mente del protagonista se sumerge en un mundo ideal (la biología exótica) quizá para obtener un poco de seguridad en una realidad caótica y desinteresada que vive, y el autor ofrece ese paraíso al lector a través de recortes periodísticos de un calamar gigante que inserta en las páginas como imágenes.
Busquet nació en Chaco en 1970 pero vive en Córdoba desde el 86. Hasta el Herralde, era desconocido para Buenos Aires, donde vive desde el premio. Alejado de la narrativa de su generación, Bajo este sol tremendo es una novela outsider absoluta, como sus personajes, que miran un horizonte hacia el cual no se puede esperar que se encaminen.

UN OSO POLAR -adelanto exclusivo-

I

Esta es la historia de Lautaro Hans Melzenberg. A los cinco años se le paraliza una de sus manos. A los siete, la otra. Imposibilitado para ir al colegio a partir de entonces, pasa por lo menos cuatro de los siete días de la semana con su tío Mel. “El tío Mel”, así lo llamaba Lautaro. Era tan fácil pensar en el tío Mel. Sólo bastaban dos o tres palabras. “El tío Mel”. Larga vida al tío. Nadie sabía qué era de la existencia del tío Mel. Desaparecía todo el tiempo, todas las tardes. Su sombra se parecía a la sombra de un conejo, de cualquiera de los conejos del fondo, cuando estaban encerrados y no hacía sol. Se sabía que había querido hacer muchas cosas con su vida, pero que no había logrado casi ninguna. “Casi”. En ese “casi” estaba el problema. Cómo explicar. Cómo narrar alguno de los hechos de la vida del tío Mel. Por ejemplo: se sabe que era fotógrafo, aficionado. A los siete años (casualmente, la misma edad en que Lautaro Hans ve paralizado el movimiento total de sus manos) el padre lo obsequia con una cámara de fotos. Nunca la usa. Tres años después, el padre muere. A partir de esa época, comienza la seguidilla de fotos. ¿Qué fotos? Las fotos. Deslizadas por debajo de la puerta, desperdigadas debajo de la alfombra, debajo del mantel, debajo de los almohadones, de cualquier sillón,, los miembros de la familia del tío Mel van hallando fotos. Fotos. Y más fotos. Todas iguales. Todas, de él. En todas las fotos: solamente sus dos manos.



(Lautaro Hans Melzenberg posando con su hermana en el día de su noveno cumpleaños. Como se ve, su mano izquierda permanece rígida, firme. La otra fue situada en el cuello de su hermana con ayuda de algún superior. Arriba, una pajarera vacía.

La habitación del tío Mel).


II

¿Y qué tiene que ver la historia del Tío Mel con la biografía de Lautaro Hans Melzenberg? ¿Es acaso de tal importancia el punto, el momento, en que dichas vidas se encuentran? ¿No fueron, siquiera, tan sólo unos años? Sí. No. Sí; pero no. No: de ninguna manera. Hablar de la fascinación (¿es correcto, corresponde usar ese nombre?) que sostuvieron uno por otro es hablar de uno, de otro, de los dos. La historia de la familia cuenta: fotos y más fotos de las manos de Mel. Fotos en diferentes poses, en diferentes gestos, aunque la mayoría son fotos donde las manos posan en la misma actitud de cansancio natural. Gastadas. Sucias. Limpias. Heladas de frío, después. Las manos de Mel. La obsesión, la multiplicación de estas fotos en la casa de la familia. Hasta que crece Lautaro Hans, hasta que Lautaro Hans cumple cinco, luego siete años. Entonces, repentinamente, las fotos dejan de aparecer. No hay más fotos. La abuela y sus hermanas vuelven, a partir de entonces, a necesitar de verdadero papel para escribir. Pero en su pieza, en la que había sido asignada como su pieza, Lautaro Hans se encuentra, periódicamente, con fotos. Sus fotos. Las fotos, ahora de circulación restringida, personal, las fotos sacadas por el tío Mel. Como la sombra de un conejo suelto un día en que no hay sol, Mel comienza a fotografiar subrepticiamente, escondido, sorprendente y alejado, a su sobrino Lautaro. Que en el momento mismo en que su tío prepara la foto, en esos pequeños instantes, se sabe cómplice. Entre el deseo de la foto, y el disparo de la máquina, Lautaro Hans Melzenberg puede mover las manos.

(Lautaro, en bicicleta, para sorpresa de los demás)


III

¿Y cómo recibía Lautaro las fotos que eran deslizadas por debajo de la puerta si no podía mover las manos, ya que tenía neutralizada su acción? Fácil respuesta. La habitación del fondo a la izquierda, luego del pasillo y las escaleras con forma de espiral, estaba asignada a Lautaro y a su hermana, Nilda. Nilda Delia Menzelberg: una niña sumamente egoísta, apabullante, envidiosa. Pero curiosa, de ella, del mundo, y de las actitudes de los demás. Era ella, Nilda, quien veía deslizarse las fotos por debajo de la puerta, periódicamente, sin un sistema definido, pero con regularidad. Era ella quien le mostraba las fotos a su hermano, a quien veía permanecer silencioso, indiferente, equidistante. Era ella quien le mostraba las fotos a la familia, preguntando quién era, qué hacía, qué estaba pasando, con su hermano, con el tío Mel. Los domingos, todos cenaban juntos. El tío Mel usualmente faltaba, se ausentaba, desde temprano y hasta el otro día nadie sabía dónde se había metido. Pero dejaba la cámara fotográfica en un cordel, atada en el portal. Ese era el día en que todos sacaban fotos. Ese día era el preferido de Nilda, y de casi toda la familia. Cuando se retiraban a acostarse, esas noches, en especial, Nilda Delia no apagaba la luz: compartía con su hermano los ejercicios de matemática y su dibujo preferido: el dibujo de un oso polar.


(Lautaro, con su hermana Nilda y el pequeño Otto Hans. Como se ve en la foto, el recurso usado para simular movimiento en las manos de Lautaro es el mismo: una mano se dejaba quieta; la otra, se la hacía apoyar levemente sobre una superficie horizontal)

(continuará..)



* Pablo Natale nació en la década del 80 en la ruta interestatal Córdoba - Rosario. Mantiene el blog pacmanvuelve.blogspot.com desde setiembre de 2006. "Un oso polar", es su primer libro de cuentos. El cuento homónimo ganó el primer premio para Jóvenes Creadores de la Agencia Córdoba Cultura 2006
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Pablo Natale presentará Un Oso Polar el miércoles 22 de Octubre a las 19:30 hs. en el Centro Cultural España Córdoba junto a Luciano Lamberti y Lucas Moreno.


Chiquita chiquita




Elena Martínez Martínez

Elba Riobello

Marc Soto

Rubén García Navarro

Mario Fernando González

Francisco Ruiz Carrasco

Pablo Giordano

Walter Anderson

Antonio Pizarro

Piera Pallavicini

entre otros...

Ya está disponible la edición electrónica de Literatura Comprimida 2007 que recoge los microrrelatos ganadores y seleccionados en la segunda edición del concurso que lleva ese nombre y que organiza la Comarca de Sidra (España), patrocinado por CAJASTUR.

El microrelato que me publican es este.